Pensando la Polis desde la Jungla

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La DC es un comic

Ahora entiendo cómo fueron capaces.

Por Fernando Sacamuelas.18278438_10213835789428450_8004101117601023806_o

Hace más de un año, el consejero político de la Democracia Cristiana, Gutenberg Martínez, decía en un conservador programa de televisión, que dentro de la Nueva Mayoría hay dos vertientes: una que asume que no todo está tan mal, que “lo hecho” desde el proceso de “transición” hasta hoy, no puede ser totalmente recriminado y otra, que quiere “acabar con todo” y comenzar de nuevo.

Al primer grupo, le llamó adeptos a la “tribu de la reforma”; al segundo, los “amigos de la revolución”. Nuevamente, más de cuatro décadas después, el partido más laxo y moralino de Chile, viene a demostrar su animadversión respecto a los cambios (más o menos) radicales.

No es difícil explicarse la historia de traiciones en nuestro país, si hoy, más de 40 años después, los lacayos del capital siguen poniendo el grito en el cielo, cada vez que el “progresismo desbocado” quiere tocar el statu quo.

Y no hablo de José Antonio Kast, su sobrino Felipe o de Sebastián Piñera, me refiero a toda la fauna neoliberal que contribuye a la crítica vacía, a la postura egoísta, a los intereses de clase que calan por los poros de aquellos/as que les gusta alardearse “neutrales”.

Me refiero a los Gutenberg Martínez, a los Ignacio Walker, a los Camilo Escalona; a los Matías Del Río y Fernando Villegas del horario prime; al patrón de fundo, de canal de televisión o medio escrito.

Me refiero a aquellos/as que dicen representar “el sentir de la mayoría” pero son el tibio reflejo del pánico de la minoría, que quiere que todo siga igual. Esta tibieza, esta democracia a media tinta, es el cáncer endógeno de Chile. Esa misma metástasis que representó, por tanto tiempo, la figura del difunto ex presidente Patricio Aylwin: el ADN de aquellos/as que abusan de esa ficticia “clase media”, de ese objeto fetichista del discurso desclasado y ambiguo, que sirve como masilla mágica, para tapar cualquier gotera en el techo del sistema hegemónico.

Y es aquel sentido común de la clase media emprendedora, meritocrática y aspiracional, el objetivo estratégico del poder centrista. Ambigüedad ideológica y gatopardismo que hoy transitan como un fantasma, desde el partido Comunista hasta “la centro derecha”.

¿Cómo ha hecho tanto daño este “centro político”?

Ahora entiendo cómo fueron capaces…