Pensando la Polis desde la Jungla

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a propósito del día del Niño…

Por Felipe Manriquez

El día del niño en Chile se conmemora  como en todos los países a sugerencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de reafirmar los derechos universales del niño, temática que surgió fuertemente después de la Segundo Guerra Mundial. La fecha escogida  en Chile fue el segundo domingo de Agosto, misma fecha que  en Argentina  fecha que fue impulsada por la Cámara Argentina del Juguete, esto último, sumado a nuestra cercanía geográfica, fortalece en Chile el carácter comercial de la fecha.satiric21

La reflexión en Chile sobre los Derechos del Niño este año en Chile tomó ribetes de importancia, debido principalmente a la contingencia, la situación de los 15.000 niños que están bajo el cuidado del SENAME y otras instituciones del Estado, niños victimas de falta prolijidad y de empeño de nuestras instituciones, faltas que han tenido consecuencias fatales.

 Son 15.000 niños del SENAME, de un total de un millón en situación de pobreza en Chile, según UNICEF; ese millón de niño que no llega con desayuno a la Escuela, ese millón que debe elegir entre el uniforme y el pan de cada día, ese millón que no ve la Universidad como oportunidad, ese millón que no sabe vacaciones, ese ese millón que día a día está a un paso de formar parte de los 15.000.

Existen en Chile cerca de 90 mil niños que no están asistiendo a un establecimiento educacional, sus nombres y sus vidas son un misterio para las autoridades del gobierno central y más aún para el Ministerio de Educación, son niños sin rostro, son parte de los anónimos que llenan las estadísticas del gobierno de turno.

La condición de la infancia en nuestra región es aún peor; estamos en una de las regiones más pobres del país, y además con un alto grado de ruralidad,  mucho de ellos deben sumarle a su situación de pobreza y ruralidad, el accionar represivo del Estado sobre sus familias y en muchos casos sobre ellos mismos, historias como estas recorren el Wallmapu, en Ercilla, en Vilcún, en Padre las Casas, en Tirua, en Cañete, triturando a lumasos retazos de inocencia de niños mapuches.

La escuela debería ser un espacio donde los derechos de la infancia sean el centro de su acción, pero estamos muy lejos de eso. Nuestro sistema educativo es violento, es violento cuando clasifica a los niños por sus resultados educativos, es violento cuando se evalúa a todas las escuelas del país con el mismo instrumento, es violento cuando somete a la escolaridad a niños desde su más tierna infancia, es violento cuando las jornadas escolares se equiparan o superan las jornadas laborales de sus padres, es violento cuando se les impone un Curriculum sin considerar sus intereses y su contexto.

Nuestro oficio, profesión y vocación tiene como centro la infancia, en su sentido epistemológico significado de pedagogía viene de “paidagogo”, paidos (niño) y a”ago” que es conducir o llevar, en la antigua Grecia hacia referencia al esclavo que llevaba al niño a la escuela. Nuestra pedagogía, por lo tanto, no se puede entender sin niños, son ellos los que le dan sentido y forma a nuestra labor, por lo tanto el primer espacio donde se debe velar por la integridad de los derechos de los niños, es el aula. El aula debe ser democrática, integradora, inclusiva, igualitaria, abierta, receptiva, debería ser un refugio para las injusticia del sistema.

A pesar de esto, nuestras aulas son reflejas y peor, amplificadoras de todas las injusticias y defectos de la sociedad, y nuestros niños receptores pasivos de una violencia simbólica, desde el discurso y desde la acción. Ese niño que estadísticamente lee silábicamente y se encuentra en nivel insuficiente, es una persona que siente, tiene sueños, tiene habilidades en otras áreas, tiene aspiraciones, pero todo eso a nuestra estadística no le interesa.

El desafío actual es hacer una educación para los niños mapuches en comunidades en conflictos, hacer educación para estudiantes rurales, hacer educación para los 15 mil niños bajo el resguardo del SENAME, hacer educación para 90 mil que no están en ninguna escuela, hacer educación para el millón de estudiantes en situación de pobreza, para los 3 millones y medio de estudiantes que esperan  y necesitan de nosotros lo mejor.

Este año se aprobó la Ley de Formación Ciudadana, el Estado hoy preocupado por el alto grado de desafección con la clase política y el sistema democrático, han vuelto a creer que se debe educar para la ciudadanía, han vuelto a creer en la participación, han vuelto a creer en nuestros jóvenes como portadores de los sueños del futuro; pero antes de eso se debe resolver lo básico, si no respetamos sus derechos elementales, no podrán comprender como prefigurar una mejor sociedad, ya que no se puede enseñar o exigir lo que no se hace.

El que siembra vientos, cosecha tempestades.