Pensando la Polis desde la Jungla

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Tan sólo yo, tan sólo el viento.

Libertad, libre, librepensador, libertario  ¿cuántos grados tiene esta palabra?

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Desde este promontorio, sobre los dos mil metros, en alguna cumbre frente a Santiago reflexionamos sobre lo libertario…

” Quizás los pesados fardos con los que trepamos estos cerros, los caminos pedregosos y la pendiente aguda que destruye nuestros pies, nos preguntan ¿De qué arrancamos? ¿Por qué deseamos llegar a las alturas? Más nosotros seguimos empapados caminando, sin mirar atrás, recordando con desdén que a nuestras espaldas se erige el pasado, el ruido, el genio de la civilización. Desviamos nuestra atención en el espino, el litre y cuanta frondosa naturaleza nos bloquea el paso. Intentamos no responder, pensar en otra cosa, más la palabra libertad bombea nuestros pulmones una y otra vez. La pendiente se hace agreste, los muslos se contraen, llevamos horas buscando respuestas. Horas trepando sin descansó sobre nosotros, sobre esta montaña que se resiste a ser conquistada. Su libertad depende de nuestro fracaso.

Ahora,  aquí, sentados en esta gran roca, bajo este cielo, con la montaña conquistada, sometida por estas nalgas que se ufanan de su pequeña escalada. ¡Nada!  ¿Cuánto aguantaremos? poca cosa somos para habitar en los aires de las alturas, para petrificarnos como roca, contemplando los abismos erguidos, gargantas donde el viento se hace palabra, susurrándonos al oído.  ¿Libertad? ¿Libertad? ¿Qué es eso pequeño humano? nos pregunta.

Intentamos hilar algún frase, responder desde la sala de clases, balbuceamos, allá, allá abajo libertad es…..nada!  Mil vueltas pensando, por cada paso dudamos, por cada metro otro más, pero nada. Bloqueados observamos el atardecer, consternados por el silencio que irrumpe la conciencia, que atrapa aquel ruido interior. Pero el viento vuelve a la carga ¡Espero, todavía espero! ¿Qué es lo que deseas? ¿Libertad, no es eso lo que buscas?DSC08048.jpg2

Frío, nieve, cuanto de tiempo se esconde en estas paredes, en esta débil y delicada conciencia. ¿Libertad que es eso? Mil significados para mil conceptos. Ser dueño y señor de uno mismo. Hacer lo que me venga en gana, quebrar, romper las cadenas. Escabullirse de la prisión en que no hemos transformado. Ser consientes de nuestra autodeterminación, respondo al viento. Pero, él no se da por aludido ¡No mientas! con un gran rugido me increpa. Nuestro abrigo se hace endeble, mil cuchillos penetran en nuestras pieles, es el frío, el castigo de nuestro inquisidor que no quiere ser embaucado ¿A qué has trepado aquí hombrecito? repites lo mismo que se dice allá abajo. Lo mismo que dicen tus libros, tus letras, tu hormigueo citadino que aquí no se escucha.

Intento tapar mis oídos, soy consciente de su enojo, también de mis mentiras. Explicaciones repetidas de manuales humanos, demasiados humanos. Lo siento, deseo pensar algo para salir del paso. Libertad, libertad, ¡nunca la he vivido!

Por algún momento el horizonte se despeja, el silbido desaparece y contempló a lo lejos el farellón costero. Creo dominar mi vista, creo dominar el silencio, por un minuto el viento solo sopla, el frío se amilana, un cóndor corta mil atmósferas batiendo sus alas.

Mientras contemplo su vuelo, me encojo aún mas sobre la piedra, la pregunta me conmueve tanto como el vacío fuera y en mí  ¿Qué será la libertad para el viento, para el cóndor, para la montaña? ¿Y para nosotros que será? Me detengo y aniquilo esta contradicción una, dos, tres veces. Pero nada, la tarde está cayendo, es necesario bajar. No quiero incorporarme, no quiero descender sin contestar, el cóndor vuela lejos en otra cumbre, ¿pero, el viento?DSC08078.jpg2

El viento sopla trémulo acechando mi respuesta. Un destello irrumpe a lo lejos, es el sol que a estas horas quema las altas cumbres. Me animo una vez más, pues la libertad, la libertad es como aquel rayo. Ese apunto al viento. Mira distraído mientras yo bajo de la roca con dolor, las piernas piden descanso. ¿Cómo hombrecito? Susurra en mis oídos. La libertad es la falta de certezas, grito como salvaje mientras me lanzo despavorido cerro abajo.  ¿Por qué corres?   Intente engañarte, no te diste cuenta, quería salir sin que me vieras. El sol no tiene libertad  ¡tú lo sabes!  Está destinado a bañar estas cumbres, por siempre, en cambio tú. Tú puedes variar, no tienes nada a que aferrarte, presión, temperatura y otros mil factores más para que puedas hablarme al oído. Ser libre señor sabelotodo, es soplar sin poder aferrarse a nada. Para nosotros los hombrecitos como tú nos dices, es levantarse sin un porque, es no tener propósito, no saber si esto o aquello ocurrirá, tal como tú, que nunca sabes a quien le hablaras. Ser libre es soportar la existencia en un nihilismo aterrador donde nadie habita, solo tú, qué quieres embaucarme y convertirme en piedra.

Por un minuto me mira enojado, pero luego una mueca sarcástica se asoma. ¡Hombrecito! pero aun así quieres volver a ser esclavo, mira como corres al valle de los deberes, al valle de tus verdades. ¡Qué mentiroso eres!! Subes aquí con tus dudas, buscando certezas, buscando respuestas ¿para qué?

Detengo mi carrera y volteo. ¿Qué quieres decir? Una brisa húmeda y cálida golpea mi cara, trae lluvia y granizo. ¡Hombrecito! ruge el viento. Subes aquí para confirmar tus verdades, mientras te hablas a ti, Yo debo escuchar todas tus barbaridades. Soy sereno con los pacientes, cálido con los amantes, fresco con los sofocados, pero para los temerosos que osan subir aquí frio como roca. Vienes a preguntar por la verdad, pero solo traes dudas y pretendes que yo te las aclare, nuevamente te escondes y refugias en alguien, por eso corres ahora. Yo, Yo ¿Qué quieres que sea Yo? Otro dios que te libere de tus miedos. Otro que sople tus velas y te empuje hacia las cumbres.DSC08018.jpg2

Una lágrima se asoma por mi mejilla, el viento ha hablado con justa razón, no quiero asentir. Todo cuanto he reflexionado a escondidas se me revela, todo cuanto he pretendido conocer se desvanece. Aceptar que no se sabe nada, que no se tiene nada, es reconocer que no hay propósito, subí a conocer la libertad, pero con las cadenas y los grilletes surcando mi pecho. Subí para liberarme y solo encontré otro tipo de esclavitud, esa falsa libertad que me llama allá abajo en la ciudad. El otro, siempre fue el otro, Tú, ellos, el viento, el cóndor, todo eso que habita dentro y al lado mío, objetos, seres, entidades, verdades que sostienen nuestra dependiente humanidad. Un dique contra la incertidumbre, un freno a todo cuanto ha dado color a la vida”.

Solo desciendo y solo me llevo estas palabras mientras vuelvo al humo de la ciudad.

“La verdadera certeza es el miedo a la libertad”

 

 

Santiago, Cerro Abanico, noviembre 2014.