Pensando la Polis desde la Jungla

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La legitimidad de la Sospecha

manifestación-3A1Como Animales Políticos, a la par de considerar de suma gravedad los hechos ocurridos hace dos días en nuestro país, aclaramos la necesidad prioritaria de ir más allá de la condena del hecho en sí mismo, de lo ipso facto, y atrevernos a ver lo que él representa y hasta donde pueden apuntar sus esquirlas políticas e ideológicas.

Probablemente este atentado viene a alarmar y profundizar el significado de una concatenación de hechos que venían aconteciendo, pero eso, en ninguna medida, puede automatizar una correlación simplista de los motivos o los responsables detrás de él.

La duda siempre es buena consejera, y cuando todos creen saber la verdad (a menos de 10 minutos de la explosión) algunos preferimos abstenernos de enjuiciar, y buscar, en el análisis de supuestos, la crítica de argumentos y la reflexión a partir de situaciones tanto ficticias como reales, un camino más fructífero.

Una cosa esta más o menos clara: una organización verdaderamente de izquierda, que abraza el campo popular y busca la dignidad de los trabajadores mediante su organización consciente, jamás atentaría contra  la vida del pueblo, menos en un patio de comidas donde permanecían, en su hora de colación, gran número de trabajadores y trabajadoras de nuestra patria.

Bajo estos criterios, las opciones hipotéticas que busquen una potencial explicación se dividen en dos: o fue una organización ultraizquierdista, voluntarista y desclasada que solo busca ensalzar su esquizofrénico ego, seguir mirándose el ombligo entre sus banderas y aplaudirse entre ellos mismos (y de paso hacerle el juego a la derecha) o detrás de esto hay un montaje brutal de algún sector fanático de la clase dominante que busca los justificativos necesarios para convertir el Estado Chileno en un Estado Policial.

Esto último no debe sorprendernos, pues en el lamentablemente gran número de dictaduras latinoamericanas entre la década del 50 y del 80, la ultraderecha, y los propios militares en el poder, gestionaban periódicamente auto atentados para justificar nuevas olas de represión o la agudización de los sistemáticos abusos a los DD.HH.

¿No resulta complejo que hace un tiempo, en referencia a la ley antiterrorista, gran parte del país cuestionara su aplicabilidad bajo el argumento de que en Chile “no hay terrorismo”, pero hoy, luego de este lamentable suceso ya “nadie ponga en duda” la existencia de este fenómeno en nuestro territorio?

Hace tiempo que los sucesivos gobiernos de la concertación neoliberal y el gobierno empresarial de Sebastián Piñera venían aplicando dicha ley (con génesis pinochetista) a diversos hechos de violencia en la Araucanía cometidos supuestamente a manos de comuneros mapuche, criminalizando toda acción de un pueblo que aun reclama legítimamente por el reconocimiento como cultura y territorio autónomo: como Nación.

la-segunda-9-septEn ese marco, la discusión siempre se mantuvo en la ambigüedad de si en nuestro país dichos hechos de violencia podían rotularse bajo el concepto de “terrorismo”. De ahí que la clase dominante necesitara de una “confirmación”. Ese hecho confirmatorio ha llegado y los medios masivos de comunicación lo han ratificado con sus bazucas de amarillismo, propaganda del terror, desequilibrio y subjetividades en la entrega de información.

Sin más, el diario “La Segunda”, propiedad de Agustín Edwuards, mismo dueño del diario el Mercurio (medio cómplice de la dictadura de Pinochet), tituló al día siguiente del atentado: “El regreso del miedo”, dando un claro indicio de lo que los poderosos y sus mass media desean implantar.

Otra idea que parece estar más o menos clara es que lo ocurrido el día lunes en el subcentro de escuela militar cambiará sustancialmente las políticas “antiterroristas” y de “inteligencia” dentro del poder estatal.

Probablemente desde ahora, tal como lo anunció el ministro del interior a escasos minutos del incidente, nuestras llamadas serán fácilmente interferidas y la persecución a las libertades civiles se verá severamente incrementada (tal como el gobierno anterior lo deseaba). El ministro Rodrigo Pañalillo así se refirió a priori, antes de cualquier investigación profunda y responsable: “En Chile necesitamos modificar el sistema nacional de inteligencia. Necesitamos una ANI más robusta y con más atribuciones“, subrayó. También señaló que “el envío del proyecto de ley que reforma la Ley Antiterrorista está para fines de septiembre”.

Terminamos este breve comunicado anunciando nuestra absoluta solidaridad con los trabajadores afectados y el rechazo categórico a este tipo de atentados, sean quienes sean sus autores.

El pueblo tiene muchas y diversas formas de lucha, y de seguro, ninguna de esas, contempla atacarse a sí mismo.

Por eso creemos que hay un derecho al que no podemos renunciar:

EL DERECHO A SOSPECHAR.

 

Todos somos  animales, todos somos políticos.