Pensando la Polis desde la Jungla

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Bachelet NO Cambia Nada.

Por Fernando Sacamuelas

Aunque la Concertación se vista de seda, Neoliberal igual se queda.

Imagen-67Como se podía pronosticar, no estamos contentos ¿el motivo? Igualmente sencillo de vaticinar: ganó el empresariado, ganó el “gatopardismo” ideológico, ganó el reformismo inofensivo, ganó la centroderecha camuflada…ganó Michelle Bachelet.

Hoy ha quedado atrás el tiempo para analizar las variopintas y sabrosas pugnas ocurridas en medio de la arena del circo electoral que tantas horas nos ocuparon este año. Hoy es tiempo de lecturas rigurosas de la concreta correlación de fuerzas, de análisis que vayan mas allá de la coyuntura y puedan observar con detención las características de la etapa política en que nos encontramos. Ahora es el tiempo de continuar organizándose para construir conciencia popular, ahora es la hora de crear poder desde abajo…hoy, citando a Víctor Jara, es el tiempo que puede ser mañana. 

Pero para poder analizar con mayor asertividad este complejo escenario político, debemos superar aquella mirada simplona que nos presenta una estática secuencia fotográfica que se repetiría a lo largo de cuatro años: un nuevo gobierno de “centro izquierda” pugnando por sacar adelante su progresista programa político pese a la férrea oposición de una conservadora/renovada/revanchista “centro derecha”.

Para analizar e interpretar desde una perspectiva concreta y objetiva debemos intentar ver y decir las cosas tal cual son: ha ganado un conglomerado que lejos de representar legítimamente los nuevos vientos de la diligente izquierda latinoamericana, busca esconder con ropajes populistas todos sus nexos económicos -y por tanto políticos- con la elite nacional e internacional más conservadora. La ex Concertación, hoy maquillada de “Nueva Mayoría”, tiene sus pies atestados de llagas, sus pasos descalzos y desvergonzados con que desde el retorno a la “democracia” se ha acercado a la derecha más neo-liberal…hoy la tienen semi postrada.

Es simple, aquí no hay centro izquierda en el gobierno ni centro derecha en la oposición. Aquí hay una centroderecha –liberal, populista y progresista- detrás de la candidata electa y una ultraderecha conservadora y pinochetista a las espaldas de la candidata derrotada (el “piñerismo” por ahora es camote de otra chanchería). 

1466239_10152078414024244_334867666_nToda esta vestidura tornasol se comienza a confeccionar hace ya bastante tiempo: los distintos partidos que acompañan a la personalista candidata “socialista” no son vírgenes o inocentes niñas de blanco: han sido grandes protagonistas en el escenario político de los últimos 40 años; ellos fueron oposición a la dictadura (a su manera), ellos apuntaron con el dedo por la televisión al tirano en ejercicio, ellos pactaron su pacifica retirada y ellos mismos han administrado gustosos el sistema político y económico que la dictadura les dejo como condicionante.

Por eso, no debe sorprendernos advertir que en este recién pasado balotaje presidencial no estaban representados los trabajadores, pobladores, estudiantes, pueblo mapuche y luchadores sociales. La gran abstención se puede explicar en parte por eso. Es que Michelle Bachelet no representa un cambio sustantivo precisamente porque la ideología que ha rondado por su conglomerado es una ideología administrativa de un modelo heredado y no constructiva de una refundada sociedad de derechos.

Los designios vitales del gobierno próximo están ya dados y determinados por la venia de los Estados Unidos y rociados por el agua bendita de la oligarquía empresarial que domina y controla Chile. Ya se sabía, incluso tiempo antes de la primera vuelta, que detrás de la sobre-valorada candidata estaba el financiamiento de los grandes grupos económicos, es más, no es escandaloso señalar que el propio señor Luksic (una de las fortunas más grandes del país) ya portaba la foto de la candidata sonriente en su fastuosa billetera, cual santo regalado en bautizo.

Para acompañar esta perspectiva desde una visión regional bastaría preguntarse: ¿no resulta extraño que las pocas voces disidentes (o al menos incrédulas) respecto a la asunción de Bachelet como la “madre reformadora de Chile” sean emitidas desde gobiernos realmente revolucionarios como el encabezado por Evo Morales? – Dudó, de manera explícita, del supuesto carácter socialista de la nueva mandataria-images

El mandatario Boliviano dijo al respecto: “Hay algunos que quieren perjudicar este proceso de integración, como hace la Alianza del Pacífico. Por eso, ahora vamos a ver si Bachelet es realmente socialista” y agregó:

“Si ella (Bachelet) sigue en la Alianza del Pacífico, donde están los gobiernos pro imperialistas y pro capitalistas, no la voy a entender, ni lo voy a aceptar, porque una de sus tareas, una de las propuestas de la Alianza del Pacífico, es privatizar los servicios básicos. Y eso es libre comercio”, agregó el mandatario.

En pocas palabras: mientras la Casa Blanca, el Banco Mundial y el FMI respiran tranquilos con el triunfo de Bachelet, los pobladores, trabajadores y estudiantes chilenos, así como los gobiernos y movimientos sociales latinoamericanos ven con desconfianza tanta prédica (con los genitales a la vista) por parte de esta camaleónica candidata.

Bajo nuestra perspectiva, la presencia de Bachelet se erige como una figura de carácter “bonapartista”, una mujer capaz de superponerse por encima de las clases sociales (y sus contradicciones) para gobernar desde la estratosfera mediática.

Gracias a su política de las migajas y los acuerdos con las cúpulas dirigenciales por un lado y los accionistas mayoritarios por el otro, su discurso señorial y bonachón sumado a un par de reformas parciales que maquillen por un tiempo sus intereses neoliberales, logrará sin duda permanecer inmaculada gobernando desde su oficina. Ella lo sabe: sacar la tarea adelante sólo será posible si está bien con dios y con el diablo.

Bachelet al igual que la mayoría de la centro izquierda chilena tiene un ADN socialdemócrata que busca cambiar todo para que precisamente nada cambie. Busca la mansedumbre de las masas mediante una risa amable y uno que otro bono miserable. No es difícil de presumir: el gobierno de la Sra. Bachelet propondrá un ficticio “Estado de Bienestar” que sea capaz de descomprimir, en alguna medida, la gran presión impuesta por los movimientos sociales. ¿Por qué? Porque Bachelet representa el equilibrio que el empresariado busca para seguir explotando indiscriminadamente  los recursos humanos y naturales.

Por todo eso, desde esta humilde trinchera no le creemos siquiera una morisqueta a esta nueva presidenta. No creemos en sus supuestas reformas radicales, ni menos en su balbuceo de “un Chile más equitativo”. No le creemos simple y llanamente porque sabemos en qué consiste su ideología y su praxis política. Lo sabemos porque lo vivimos en las calles, en el trabajo, en la escuela y la universidad.

No olvidamos que ella dio la espalda al movimiento social que ahora espera encantar. No olvidamos que bajo su gobierno anterior se asesinó, reprimió, privatizó, mercantilizó y monopolizó (en) nuestro territorio y que al cabo de cuatro años simplemente escapó a New York para seguir presumiendo ser lo que no es.

Es simple: Para la señora Bachelet y sus embobados seguidores, la igualdad no es un derecho…la igualdad es buen negocio.

imagesLa apuesta para nosotr@s es a organizarse, a rezurcir el descontento social y construir un telar con sus demandas y sus nuevas formas de cooperación, solidaridad y compromiso.

Debemos aunar este despertar y construir poder popular desde las bases, desde cada uno de los territorios. Debemos crear espacios de participación y aprender en y de ellos. Debemos cultivar nuestra subjetividad clasista y educarnos para interpretar la realidad de forma crítica y autónoma.

La lucha no es contra Bachelet,  la lucha no es contra un gobierno de turno; la lucha es contra un modelo inhumano amparado en un régimen confeccionado por y para unos pocos.

F S.