Pensando la Polis desde la Jungla

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Mandela (No) es de todos.

MANDELA NO ES DE TODOS

“Cuando decidimos tomar las armas fue porque la única opción restante era rendirse y someterse a la esclavitud”

(Nelson Mandela -1991-)

Sin título

El imperialismo juega una partida de ajedrez con nuestras conciencias cada vez que puede. Sabe hacerlo, sabe mover las piezas en el tablero ideológico internacional y comprometer con esas maniobras la opinión pública hasta mimetizarla perfectamente con la hegemónica. Hay que reconocerlo, son hábiles con sus trucos ilusionistas que emboban al público.

Por eso vale aclarar que Nelson Mandela no fue el Mandela presentado por los especiales de CNN, menos el que inunda las grandes páginas del New York Time. Mandela fue un librepensador, un activista y revolucionario que estuvo dispuesto a padecer todos los agravios en su camino de lucha por los oprimidos de siempre. Es que aquel moreno rebelde podía aceptar cualquier padecimiento, menos uno: someterse frente al orden histórico imperial. De ahí que si digo era un “revolucionario” lo digo en el sentido literal: fue un sujeto histórico que utilizó su praxis política para organizarse con otros y trasformar el orden existente. Eso es, precisamente, erigirse como revolucionario.

Si bien Mandela fue un pacifista en sentido discursivo (basta consultar algunas intervenciones de Ernesto Guevara para comprender que el amor y la felicidad son motores en la mayoría de los ejes de un programa trastocador de la realidad existente)[1] fue a su vez, a niveles de táctica política y estrategia militar, un pragmático. “La acción de las masas tiene la capacidad de derrocar gobiernos” dijo alguna vez quien estuvo 27 años tras las rejas.

Mandela no dudó en utilizar la lucha armada para derrotar el régimen del Apartheid porque comprendió que el yugo que sufrían los pueblos sudafricanos no era producto de un mero sistema económico que acarreaba gentilmente el progreso: era la representación de la violencia más extrema promovida por la ambición y las ansias de explotación del sistema capitalista y su dominación globalizadora. La historia así lo gráfica: a principios del siglo pasado las potencias imperialistas y su estrategia neocolonial concentraban territorios y mano de obra proletarizada-esclavizada en casi todos los continentes. Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos (este último sobre todo después de 1945) contaban con colonias gigantescas que les otorgaban una acumulación capitalista a gran escala como resulatado de la subyugación de pueblos enteros. Por supuesto que esa fase superior del capitalismo traía consigo, como axioma inherente, la mercantilización y explotación irracional de sus recursos naturales.

Debe entones aclararse, ¡Mandela no es de todos!, es de los pueblos, de los pobres del mundo, de las clases dominadas por la oligarquía nacional e internacional. Mandela es propiedad única de las hoy mal llamadas “minorías”.

De esta forma, al distinguir a quienes les corresponde su sangre y su legado o a quienes representa su figura y su puño en alto, se nos abrirá la perspectiva para dirimir y concluir a quienes definitivamente NO les pertenece: Madiba no es un objeto de culto para las potencias económico-militares, tampoco para los aristócratas señores del Nobel, y menos aún acercarse podría a los dirigentes de las economías de libre mercado que justifican a nombre del progreso y la “libertad” precisamente lo contrario.

Por eso necesitamos mirar bajo el agua (aunque a estas alturas debiese resultar evidente) y percatarnos que hoy los presidentes y ministros así como los mass media y analistas internacionales de las economías neoliberales, están haciendo su juego más hipócrita al dar sus condolencias y llenar sus televisores con emotivos reportajes y biografías, pero más aún esto se hace evidente con la abyecta delegación de presidentes y ex presidentes que dejarán, sin verguenza alguna, una flor plástica cerca de su digna tumba de carne y madera.

Entonces ¿cómo se puede explicar que EE.UU comande esta delegación de hipócritas con Clinton, Bush y Obama, si el propio Nelson Mandela tenía la prohibición de pisar suelo norteamericano hasta hace poco (2008) por ser considerado por ese gobierno como “agente terrorista”?.

Mandela, dicen los más neutrales, “no fue de izquierda ni de derecha”, “va más allá de dichas categorías” dicen los relativistas posmodernos…pero eso no es así. Su lucha, y la de todo el pueblo masacrado por el terror imperial fue una lucha que enarboló las banderas de los excluidos, de los explotados; fue quizá la rebelión liberadora más importante del siglo XX por el simple hecho de que dejó atrás una condición de segregación que se arrastraba a lo largo de toda la historia: La liberación del hombre y mujer negro por sobre el oprobio de la esquizofrénica “superioridad” racial del hombre blanco.

Así, otro punto importante a destacar (y desvelar), una especie de reflexión necesaria para ir en busca de un juicio más cercano a la verdad, es discernir quienes concreta y oportunamente lo apoyaron (a él y sus demandas político-sociales) y quienes por lo contrario lo enjuiciaron, lo encarcelaron y a su pueblo y compañeros de lucha mutilaron.98757925-nelson-mandela

No cabe duda, la rebelión sudafricana fue apoyada permanentemente por el mundo de la izquierda. No sólo con instrucción militar, solidaridad política o diplomacia en todos sus niveles, sino también con una cosmovisión compartida, una “visión de mundo” en común que los hacía compañeros pese a los colores de sus banderas, las características de sus luchas o los climas de sus regiones. Recordemos las ilustradores principios de solidaridad revolucionaria de Ernesto Guevara: “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.” Así, nos podemos y debemos percatar que esta unidad se basaba en horizontes que partían de los mismos principios y el mismo diagnostico frente a las categorías ideológicas y económicas que reinaban el mundo por esos años, y que este compromiso se origina más allá de las  legítimas diferencias que en sus procedimientos tácticos más específicos pudiesen existir.

Por eso es necesario “desmediatizar” y contextualizar figuras del peso de Nelson Mandela, debemos interiorizarnos en sus ideas motrices, saber quién fue, qué hizo y bajo qué contexto político y económico preparó y alzó su lucha.

En este caso parece valer más que nunca la popular frase “dime con quién andas y te diré quien eres” y Mandela, les aseguro con humildad, no hubiese caminado de la mano con aquella filistea delegación de presidentes y presidentas que enarbolan a metros de su ataúd las banderas del capitalismo más bestial.

por todo esto, para conocer un poco más a Mandela, vale la pena saber quiénes fueron sus reales y concretos enemigos y, aún más importante, quienes lo apoyaron ayer, cuando era un joven rebelde, cuando era un incómodo líder para el orden global y no hoy cuando apropiarse de su figura resulta conveniente y hasta políticamente correcto…claro, hoy que es un indefenso cuerpo dormido.

La lucha contra la discriminación, contra el odio, la dominación y la explotación de una minoría por sobre una gran mayoría es una obligación de todo aquel que se sienta ciudadano de un mismo mundo y perteneciente a una misma clase, esa parece ser su enseñanza. Es obligación para quien ve la necesidad de crear alternativas frente a un sistema hegemónico que embrutece y denigra. O somos conservadores o somos transformadores, al parecer ahí está la dicotomía.

“La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndoles”. Nos deja para el final el líder sudafricano.

F. Sacamuelas

Para más completa información sobre una linea similar, véase: http://www.periodico-solidaridad.cl/?p=165


[1] “Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado, una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos. No puede descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.” Ernesto Che Guevara