Pensando la Polis desde la Jungla

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Glosas sobre el Moncada y su significado.

Compañeros a tres días del 26 de Julio, me inundó la responsabilidad, más ilustrativa que rígidamente científica, de pincelar con seriedad, pero también con acotación, los hechos acontecidos ese día en tierras cubanas. Es necesario saber que ocurrió y que significado histórico se cimentó ahí.images

Es breve en honor a la lectura sencilla. Espero comentarios.

atte. Fernando Sacamuelas.

Glosas sobre el Moncada y su significado.

“No importa que los valientes y dignos jóvenes hayan sido condenados, si mañana el pueblo condenará al dictador y a sus crueles esbirros.” (Fidel Castro / La historia me absolverá)

10 de octubre de 1868, entre sonidos de cabalgatas sempiternas y machetes afilados por el sudor de un pueblo esclavizado, iniciaba en territorio cubano una guerra que se prolongará por una década. La llamada “guerra de los 10 años” que el pueblo cubano emprendía -con una mezcla de nacionalismo anticolonial y rebeldía antiimperialista- era una de las batallas contra la corona española que más tiempo había dejado transcurrir antes de alzarse en armas en este lado del mundo. (Más de medio siglo después de la mayoría de las batallas independentistas de Sudamérica por ejemplo).

Ese día, el grupo manzanillero liderado por Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) daba rienda suelta, con más gallardía que recursos, al tardío pero profundo grito de liberación del territorio más grande de las Antillas.

Esa guerra en la que participarían también Máximo Gómez (1836-1905) y el Inmortal Antonio Maceo (Santiago de Cuba 14 de junio de 1845 - Punta Brava, 7 de diciembre de 1896) terminaría en resultado inconcluso hacia fines de la década de 1870. El repliegue de las alicaídas fuerzas y la nueva sumisión al orden colonial era la opción forzada. Sin embargo la semilla de la rebeldía mambí había quedado bien adentro de los surcos fértiles de la tierra tropical.

Así llego el periodo entreguerras, “la tregua fecunda” según las palabras del apóstol José Martí (1853-1895). Esta tregua que dio frutos insurgentes en lo ideológico y organizativos en lo práctico, abrió los senderos a la guerra definitiva protagonizada en 1895 por el propio Martí quién fue guiado por los incombustibles y experimentados generales de la guerra pasada Antonio Maceo y Máximo Gómez.

La guerra terminaría años después de la pronta e inesperada caída de Martí en combate. Días de principios de siglo que dejarían empañada la gran revuelta independentista para darle paso a un gobierno de consenso entre las dos potencias opresoras: España le cede (forzada por su inferioridad militar) el mandato y control de la isla a Estados Unidos. La potencia Imperial toma el dominio de la isla y lo maquilla con un ambiente rimbombante de pseudo libertad democrática y autodeterminación para los cubanos, no sin antes engrillarles los pies y manos al pueblo moreno con una hasta entonces desconocida Enmienda Platt, mandato constitucional que acorralaba la autonomía cubana hasta lo más absurdo (he ahí el génesis de situaciones para algunos tan inexplicables como la existencia de una base militar estadounidense en Guantánamo), y que genera hasta nuestros días sin sentidos legales que propicia que aquella bandera extranjera llena de estrellas robadas se entrometa en las decisiones de la estrella solitaria.

La generación del centenario

Luego de casi medio siglo de falsa autodeterminación, el pueblo cubano, y en especial sus jóvenes generaciones se hastiaron de las seguidillas de gobiernos títeres y cómplices de políticas opresoras que el imperio vecino controlaba a su antojo.

En ese ambiente y luego de una serie de hechos que marcan esa mitad de siglo (década del 1950) empieza a condensarse en el aire un nuevo ímpetu rebelde, una nueva imaginería sobre otra Cuba posible; una Cuba sin anexionismo, sin amarras “legales”, sin amenazas militares…sin miseria y desigualdad producto del neocolonialismo. Se dibujaba en el ambiente la luz de una isla libre de ese obscuro manto que significaba ser el “casino de juegos” de la potencia bélica más asesina del globo.

Ese ideal, ese ímpetu, fue corporalizado por una generación especial de jóvenes, la llamada “generación del centenario” (1953), en alusión a los cien años que se cumplían desde el nacimiento de J. Martí.

En esa generación no solo estaban Celia Sánchez (quien ese mismo año realiza una caminata de más de 3 días hasta la cumbre del pico Turquino –cumbre más alta de la Sierra Maestra- junto a una delegación de jóvenes rebeldes para dejar en la cima un gran busto de José Martí), Abel Santamaría y su hermana Haydée, tambíen era parte un conocido orador, joven abogado, y dirigente universitario que se caracterizaba por su ímpetu a la hora de combatir las injusticias dentro de los regímenes dictatoriales pro yanqui, especialmente las cometidas por tiranía impuesta por Fulgencio Batista a partir de el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, se trata del joven Fidel Castro Ruz.

Ese año comenzó una gran revuelta en la mayor parte de las grandes urbes de Cuba. Siendo característicos los actos de violencia política y diversos boicots al orden imperante. Uno de esos hechos será el que marcaría la historia de este continente para siempre: el asalto al Cuartel Moncada en la madrugada del 26 de Julio de 1953.

Un Golpe al orden batistiano

El acto de rebeldía política organizada por las juventudes del partido ortodoxo y dirigida por Fidel Castro contemplaba el ataque simultáneo a dos de los principales cuarteles militares de la zona oriental de la isla: el Cuartel Moncada ubicado en Santiago de Cuba (segunda fuerza militar del país con unos mil hombres) y el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo.

Los preparativos fueron sigilosos, los asaltantes viajarían por separados en trenes y guaguas (microbuses) hasta el oriente de la isla, justo en la víspera de una conocida fiesta popular de esa región, para camuflarse entre la gran afluencia de personas hasta esa zona.

Los jóvenes liderados por Fidel se alojaron en una pequeña granja (“Granja Siboney” que hoy es un museo en las cercanías de Santiago de Cuba) todo listo para partir de madrugada a la misión acordada. La mayoría de los participantes estaban acuartelados sin saber los detalles del plan, pero cuando el mando se los comunicó (Fidel era el primero y Abel Santamaría el segundo) se les dio la oportunidad de declinar si no se sentían preparados. La abdicación fue nula y se dio inicio entonces a la etapa final.

El asalto estaba organizado con minuciosidad militar. Entrarían en autos hasta el cuartel vestidos de militares batistianos (a tal punto que la guardia del Moncada creyó por un instante que se trataba de una comisión oficial de militares del gobierno). Todo iba perfectamente en marcha pero un imprevisto detalle echó todo por la borda. Un disparo de Fidel ante la presencia de una pareja de guardias que no estaba considerada a esas horas de la madrugada (todos los ocupantes del cuartel dormían plácidamente) alarmó antes de tiempo a los militares de la tiranía y se inició un tiroteo interminable.[1]

Así vino el debacle: por una parte una columna alcanzó a replegar (pese a que muchos de sus miembros ya habían sido acribillados), mientras otro grupo que se había internado en la zona del hospital civil fue descubierta y tomada prisionera. En el último grupo se encontraban los hermanos Haydée y Abel Santamaría. Cuenta la historia que muchos de ellos sufrieron las más atroces torturas, y que incluso ante la negativa de hablar sobre el paradero de Fidel y de los demás organizadores a la joven Haydée le llevaron los ojos de su hermano muerto para amedrentarla y hacerla declarar, pero ella con la gallardía de quien busca la revolución y el fin de la opresión respondía: si a mi hermano le sacaron los ojos y no dijo nada…menos hablaré yo!

Así luego de perderse en parte de la sierra, Fidel y su grupo fue apresado, y llevado hasta la cárcel del oriente primero y de Pinar del Río después (mismo lugar donde José Martí había pasado tiempo tras las rejas). Desde ese momento el nombre de los jóvenes revolucionarios, de Fidel, Raúl, Juan Almeida, Ramiro Valdés, entre otros, fueron reconocidos y comentados en cada mesa de las familias cubanas.

En el momento de su juicio Fidel exigió realizar el mismo su defensa, escribiendo una treintena de páginas que terminaría con la conocida frase: En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la Historia me absolverá.” Ese relato visceral pero analítico y agudo, que ilustraba toda la situación cubana desde sus inicios, fue propagado clandestinamente por las ciudades hasta hacer de ese movimiento, de ese acto y de ese dirigente un icono para cada compatriota hastiado de miseria.

Luego de casi dos años en prisión, Fidel y sus camaradas son liberados y exiliados a México, desde donde se organizaría el regreso a Cuba a fines de 1956, esta vez con la victoria marcada en la frente y con un yate (el Granma), ocupado por nuevos e insignes combatientes: Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, por nombrar solo algunos. Esa embarcación traería la libertad definitiva a tierras cubanas luego de más de dos años de lucha irregular contra el gran poderío militar que el ejercito de Batista poseía al se permanentemente apoyado por los Estados Unidos. Pero nada de eso impidió que la victoria llegara a las manos del pueblo y fuera finalmente consagrada aquél 1° de enero de 1959 con la entrada triunfal a la Habana del los hombres de verde olivo.

Pero todo ese proceso ya conocido se sembró sin duda con aquella derrota fructífera que significo el Asalto al cuartel Moncada. Una derrota que luego será conocida como la “victoria de las ideas” por qué ese 26 de julio se realizó una hazaña que retomaría las ansias de libertad retratadas por Martí y esculpidas luego en la Sierra Maestra por la guerrilla llamada, en honor a ese acto heroico,  “Movimiento 26 de Julio”.

“Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertado o muerte! “2

Ese día ganaron los muertos porque su memoria iluminó el camino a la victoria y la libertad.

Siempre es 26.

 

F. Sacamuelas.


[1] Fidel cuenta que se tiroteo no duró más de 20 o 30 minutos, pero en esos momentos parecía una batalla campal. El reconocimiento de ese pequeño gran error que costó la derrota y muchas otras anécdotas las relata Fidel Castro en la integral entrevista que el director de el periódico Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet retrata en su libro “Cien horas con Fidel”.

[2]  La elocuencia en “La historia me absolverá”, artículo en la web de La Giribilla, fragmento del capítulo VI de Ese sol del mundo moral, La Habana, Ediciones Unión, 2002, pp. 180-195. http://www.lajiribilla.cu/2007/n314_05/314_27.html

2 Responses to Glosas sobre el Moncada y su significado.

  1. Avatar Cucho Lambreta
    Cucho Lambreta says:

    Hasta la Victoria siempre!

    • Avatar fernando sacamuelas
      fernando sacamuelas says:

      que escueto, pero no por eso menos bienvenido su comentario, estimadísimo Sr.Lambreta!