Pensando la Polis desde la Jungla

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Huellas de Siglo.

Heterotopías en Huellas de siglo  de Carmen BerenguerInvitación+presentación+libro+de+Carmen+Berenguer

Angelica Zuñiga

Uno de los puntos de referencia indiscutidos en la producción literaria chilena, especialmente de la poesía, durante la década del 70, es el Golpe de Estado de 1973.  La situación general  después de la  intervención militar sigue siendo crucial para comprender la modificación  de la práctica poética en nuestro país, por un lado, el exilio de muchos integrantes de la “generación emergente de los años sesenta” (Bello, 1998, p.1) y, por otro, el intraexilio sufrido por aquéllos que se quedaron y sufrieron la pérdida de libertad, la censura y el quiebre de continuidad, de nuestra tradición cultural. Este hecho marca un antes y un después en todos los ámbitos del quehacer nacional y, por supuesto, en la creación literaria. Según Eugenia Brito “El Golpe Militar produjo un silencio y un corte horizontal y vertical en todos los sistemas culturales, entre ellos, específicamente, en la literatura. El corte fue horizontal en dos sentidos. El primero de ellos, se acalló cualquier relación de la literatura con otras áreas del saber: sociología, ciencias políticas, sicoanálisis, etc. En el segundo de estos sentidos, porque cambió el paradigma de la literatura chilena, generando, lo que, desde aquí, denominaremos “una escena de la escritura” (Brito, Eugenia.1994. Campos minados. Santiago: Cuarto propio. P.11).

El libro Huellas de Sigo de la autora Carmen Berenguer fue publicado en 1986 y es considerada una de las obras más importantes,  junto con Naciste Pintada  publicada en 1999 y Mama Marx del año 2007. En la década de los ochenta, Berenguer irrumpe en el ámbito literario con un habla directa sobre temas sexuales, se trata de hablar en forma natural de un tema que el hombre había convertido en tabú, siendo ella quien explica, en una entrevista al Diario El Sur de Concepción, en 1989 sobre las características de su poesía:  “La escritura se desplaza por la mujer y ella se desplaza por su cuerpo. Esta corporalidad hace una fricción con lo público. No se trata de descubrir una mera intimidad sino de provocar el roce entre los roles instituidos entre lo público y lo privado, como demarcaciones definitorias que impiden el flujo de una zona a otra, alterando lo binario que siempre es un lugar al otro en función de un yo superlativo. Así funciona la ya cansada poética amorosa que nos tragó”.

Dentro de las temáticas recurrentes de la poesía de Carmen Berenguer  encontramos la voz femenina como un sujeto que puede hablar de temas políticos y sociales; introduce el cuerpo como una forma de identificación con la patria, un “cuerpo del dolor”  que luego pasa a ser un “cuerpo anestesiado”, pero que posee marcas imborrables (Bello, 1998). Es sacar a la luz una herida que acarrea realidades y que se hace carne en este relato muchas veces silenciado, es la necesidad de enunciar la historia desde otros cuerpos, de otras hablas, muchas de ellas minorías (étnicas, sexuales, políticas, etc…) que terminan siendo, en última instancia, la mayoría y que, encuentran en Berenguer y en otros autores comprometidos, un sitio y una voz que fue acallada durante mucho tiempo mediante la fuerza y la represión  por ser considerados “disidentes”. Pero también, según Lorena Garrido “ no sólo hay un intento de rescate de la voz de los oprimidos, y entre ellos las mujeres, sino también de recobrar memorias y discursos olvidados” (Garrido, 2008, p.77). En contraposición a esta voz silenciada, existe  esta  intención “oficial” de  normalización democrática y reconciliación nacional, post- golpe, una armonía pretendida a nivel general que se corresponde con  la armonía aparente de la cultura y sus expresiones, dando paso a una exclusión de lo discordante en las versiones oficiales de la historia y de la identidad cultural. Todo aquello que se presente fuera de la “norma”, lo establecido se considera proscrito, un mal para la sociedad y, por ello, debe ser extirpado, acallado, encarcelado o exiliado. En la poesía de Berenguer encontramos referencias claras al respecto, en el poema “Santiago Punk”:

                      “FMI, la horca chilito en prietas

                      Tanguito revolucionario

                      Punk, Punk, paz Der Krieg

                      Whiskicito arrabalero

                      Un autito por cabeza

                      Y una cabeza por autito[…]

                      Rapaditos Hare Krishna Hare hare

                      Sudoroso mormón en bicicleta

                      Aleluya la paz

                      Patitas de chancho              

                      Caldo de cabeza”. (Berenguer, 1986, p.11-12)

Así, las manifestaciones y obras de estos escritores se ofrecen como espacio de congregación de órdenes distintos, como una proliferación temática y verbal, logrando la apertura del texto hacia una realidad histórica  distinta a la oficial.

La temática que se pretende trabajar en este ensayo dice relación con la construcción del espacio dentro del poema,  la construcción de la ciudad a partir de la incertidumbre, asociada al cambio,  la falta de orientación y de seguridad;  la creación de nuevas realidades a partir del texto, realidades que se superponen y que, en otro contexto, no podrían co-existir. A diario nos encontramos con miles de personas que recorren o se desplazan por la ciudad,  a través de vacíos, calles, pasadizos sin reconocer ningún tipo de identidad. No vivimos en un espacio neutro y blanco, no vivimos, morimos ni amamos dentro de un rectángulo de una hoja de papel virgen, sino más bien dentro de un rectángulo cuadriculado, recortado, con zonas claras y zonas de sombras, con diferentes niveles y relieves, con recovecos, muros que nos protegen, pero que a la vez nos aíslan (Foucault, 1967).  Para hacernos cargo de esta mirada que logra acercarse a una noción de realidad diferente, pero no por ello menos real, utilizaremos a partir de ahora el concepto de Michael Foucault “heterotopía”, aplicándolo aquí al  espacio cerrado que se puede construir en las obras literarias, las estrofas o los versos; en fin, en cada palabra que crea un “universo”, tal y como lo enuncia otro chileno,  biólogo y filósofo, Humberto Maturana, quien introduce el concepto de “multiversos” en su obra Ontología del observar, reconociendo al observador como agente constitutivo de lo que observa o, dicho de otra forma, un multiverso es un mundo construido por el observador igualmente válido, único e irrepetible respecto de los otros mundos posibles para otros observadores. (Maturana, Humberto,  2005)

Así, el término “Heterotopía” antes mencionado, aparece  en 1967 en el  ensayo de Foucault De otros espacios. Esta expresión evidencia la gran preocupación y obsesión de fines del siglo XIX y, principalmente, del siglo XX por el tiempo y por la historia, tiempo e historia que cada vez que se estudia y se actualiza hace referencia a lo que es contemporáneo. Hoy el espacio en que vivimos es diverso e imbricado, no es un espacio vacío donde se instalan los individuos y sus pertenencias, por el contrario, vivimos dentro de una red de relaciones que delinean lugares que son irreducibles e imposibles de superponer unos con otros, definiendo así a la ciudad actual  como un complejo espacio urbano. Cabe señalar, que esta construcción  está signada por el fragmentarismo y la jerarquización,  pero que tiene una tendencia hacia la homogeneización gracias al capitalismo y a la cultura de masas, lo que se ha  llamado “la sociedad transparente” (Vattimo, 2007), la cual se caracteriza por ser desprovista de autenticidad y verdad, todo se exhibe falseado; la realidad se oculta tras velos de ilusión o ideológicos, mediante la creación de espacios mistificados, esto equivale a lo que antes llamamos “normalización” y que fue utilizado durante el gobierno militar como un principio fundamental. “La ciudad se transforma a partir de esta noción en una constante acumulación de utopías”, (Foucault, 1967, p.2) es decir, entendida aquí como la creación de una realidad ficticia y generalmente maravillosa; así tenemos por ejemplo, distintos tipos de ciudades: la purificada de la era de las máquinas, la globalizada del flujo y del deseo, la evocadora de los monumentos, etcétera.

Planteamos junto a Foucault (1967) que la heterotopía es la construcción de “otros lugares”, reales y efectivos,  configurados por la sociedad como algo diferente, pero que de igual manera definen la existencia de cada uno de los ciudadanos que la conforman. Funcionan como “contra-lugares”  construidos socialmente;  permanentes o transitorios y que obedecen a la misma lógica de inclusión/exclusión, verbigracia, es el caso de las cárceles, las clínicas, entre otros. Por tanto, estos “otros lugares”  corresponden cada uno en sí mismo a un orden transformado, es decir, un nuevo subsistema funcional, donde la inclusión se da  a partir de la exclusión de otros sistemas, dando así como resultado otra realidad. La heterotopía es un concepto que alude a un lugar real, existente, pero oculto, muchas veces situado en el plano de la invisibilidad, porque no ha sido o no ha querido ser develado, un lugar que “está ahí” sin ser conciente, pero intuido, muchas veces aislado de su macro o meta entorno.

Como ya hemos visto, cuando Foucault habla de las heterotopías  lo hace como referencia o correlación a la noción de las utopías, con un marcado carácter contradictorio. Las utopías son irreales, maravillosas, por lo tanto, consuelan (Foucault, 1967). Son los entes en los  que una sociedad se proyecta  a sí misma, es una concepción idealizada de lo que debería ser la sociedad, donde se enfatiza un lugar desplazado del tiempo, un futuro de ficción en el que todo es posible. Es un emplazamiento sin un lugar concreto, donde se mantiene una relación de analogía con una sociedad que ocupa un espacio real. Es la misma, pero perfeccionada o expuesta en su anverso, es decir, presentada como algo ilusorio e inexistente, aunque siempre veraz y presente.

Las heterotopías se nos presentan como lugares localizables, efectivamente existentes, aunque sean radicalmente distintos a los otros espacios. La diferencia se da en que esos lugares se condensan en un mismo espacio, espacios que son incompatibles en nuestra vida cotidiana y que muchas veces son  presentados de igual forma como se hace en un escenario de teatro: contiene en su interior una serie completa de lugares y tiempos que son extraños unos respecto de los otros, “una yuxtaposición de elementos” y rupturas temporales que Foucault (1967) designa como “heterocronía”, es decir, quiebre o escisión absoluta con el tiempo tradicional. Ejemplo de esto es lo que ocurre en los museos o bibliotecas, en los que  se pretende mostrar de una manera condensada diferentes tiempos en un mismo lugar. Allí lo diferente se hace presente en lo cotidiano, ganando dinámica propia y marcando un espacio y límite subjetivo que convive con nuestra realidad urbana. Por lo tanto, se conforma como un tejido social o una sobreposición de tramas donde se ven involucradas diversas culturas, tiempos y experiencias que logran articular diálogos con sentido, conectando la realidad cotidiana con otros ámbitos y motivaciones. Se trata, entonces, de un cuerpo vivo que se genera y se nutre de sí mismo,  que se instala en el centro mismo  de su realidad, haciendo  visible  aunque de un modo alternativo, aquellas realidades invisibles no importando el origen de su “ubicuidad”.

Lo esencial de las heterotopías es la impugnación de todos los demás espacios aunque inevitablemente debe transitar entre ellos porque son su condición de posibilidad. Lo contradictorio se hace aquí tierra fértil para la coexistencia necesaria de ambos mundos. El mundo de lo cotidiano, establecido y normado hace posible y requiere como contraposición un lugar inespecífico, oculto, “extra-tempore”, fuera de sus límites. Aquí cobra plena vigencia el binomio de lo apolíneo y de lo dionisíaco que nos plantea Nietzsche en El nacimiento de la tragedia. Según este autor prusiano (1844 – 1900) “La tragedia griega surgió del coro trágico, (es decir que) en su origen era únicamente coro y nada más que coro. Sin embargo, en la tragedia clásica se añade el elemento apolíneo. […] Pero lo esencial sigue siendo el fondo dionisíaco de la tragedia. Gracias a él el espectador rompe los lazos de su propia individualidad, se funde con los demás hombres y descubre la suprema unidad de todas las cosas” (Tejedor Campomanes, César. 1989, p.357-358). Así, para este autor y en el contexto de nuestra reflexión, nos hace sentido que el “mundo de lo dionisíaco” es una analogía de las heterotopías de Foucault, así como el mundo de lo cotidiano posee su parangón en el “mundo de lo apolíneo”. Una cultura dionisíaca busca expresar una voluntad irracional, lo que está fuera de los límites, la embriaguez, la oscuridad y la noche; es el pueblo, transformado en protagonista, creador de nuevos mundos y alter egos. Sociedad ésta impensable si no es en contraposición con una cultura apolínea, es decir, un lugar entendido como razonable, formal, luminoso y ordenado. Para nosotros  aquí la que cumple una función de compensación, es la cultura apolínea, por cuanto, es ella la que hace posible la construcción de un lugar real, fuera de sus márgenes, pero dentro de la existencia de la cultura. En este caso, la heterotopía permite, por ejemplo, compensar la violencia del exilio sin reponer una nueva patria en su lugar; se describe un espacio radicalmente otro, heterogéneo, indefinido y en muchas ocasiones completamente movible, pero  a la vez, transformado en puntos de referencia necesarios para la existencia. El exiliado nunca más tendrá la misma patria, aunque pueda regresar a los lugares que lo vieron nacer. Él es “otro” en un mundo “otro”, construido como heterotopía. Este aspecto lo podemos ver reflejado en el poema “Homenaje” a juan Aguirre Ballesteros, joven de 23 años que, según el informe Rettig, fue detenido, torturado y asesinado por agentes del Estado en 1984:

                         

“Esto de no saber de qué sitio

 De no saber en qué cama. En qué sueño

Transportado a qué lugar.

Madre, como peregrina buscas tu imagen

Recorriendo nuestros lugares habitados por ti

Y no me encuentras más en aquél rincón

Chapándome el pulgar.

El pulgar somos todos los que yacemos

En la orilla.(Berenguer, 1986, p.45)

Ahora bien, enmarcados en la situación política del país y  habiendo realizado la conceptualización teórica del tema, es  necesario referirse a la construcción  y significación de los espacios, como espacios heterotópicos, que Carmen Berenguer realiza en sus poemas, considerando como primer aspecto el contexto discursivo  imperante, señalando que todo texto literario tiene un “valor extraliterario” basado en la multiplicidad de voces y en el llamado que hace el autor para conformarlo como materia literaria (Bello, 1998). Según este mismo autor,  “El modo de convivir en el desorden general de los discursos, dice relación con la construcción del espacio en los textos de estos poetas. Si este contexto discursivo es leído como el  “espacio del desconcierto” donde los discursos se vuelven indeterminados, los textos construyen un espacio delimitado, que vuelve inteligibles las imágenes que encierran en ese espacio heterotópico […]” (Bello, 1998. p.6). Así entendido, la poetisa chilena retrata una ciudad  en el contexto económico neoliberal y capitalista. Y, en el ámbito político, una ciudad controlada, encerrada y reprimida  por la dictadura militar, Berenguer lo enuncia en su poema “La cueva” al decir:

Viajamos por el entrepiernas de la ciudad

te crees el vericueto

y pierdes un ojo en la alambrada

y para qué este creerse la gran cueva

si trafican tu savia en el desierto” (Berenguer, 1986, p.27).

 

El concepto de ciudad que muestra Carmen Berenguer   está cargado de simbolismos y lugares comunes, se muestra como un gran espacio desolado, sitiado, en muchas ocasiones desierto a causa del miedo y la represión; espacios vacíos, destruidos  como el fiel reflejo del ambiente que se vivía en Chile tras el Golpe Militar; no es extraño encontrar, en reiteradas ocasiones, en Huellas de siglo versos que aludan directamente a estas representaciones: “Está tirado en la calle” (Desconocido), “Santiago duerme y tiembla” (Los puentes), “Plaza de armas armada” (Ciudadela), “calles vacías / recorren el mundo las sangres” (Diálisis), “Inaugurando plazas parques / Hasta perder la identidad” (El triunfo de la muerte). Sin embargo, a la imagen de esta ciudad tomada, se contrapone la visión de “ciudad burdel”, según la autora Magda Sepúlveda: “La crítica ha distinguido la relación ciudad-mujer y el cruce ciudad-mercado, tablero al cual me interesa agregar la noción de burdel e intentar explicar los vínculos ciudad, mujer, mercado, y prostíbulo más las inquietudes que estas asociaciones me provocan” (Sepúlveda, 2008, p.117). Así, por ejemplo encontramos en Berenguer alusiones como: “pobre dama, empielada ramera” (Santiago Tango), “de acompañarte por las noches / Con este negro y este rojo” (Loba), “Sus negras tetas / Puta mágica” (La danza macabra), por citar algunos. Por tanto, entendemos que es posible encontrar tantas  lecturas e interpretaciones como lectores puedan existir; sin embargo,  nos hace sentido preguntarnos, ¿cómo Berenguer construye estos nuevos y diferentes espacios, en sus poemas, a partir de este Macro espacio que es la ciudad?, ¿qué sucede con los espacios heterotópicos en Huellas de siglo?, es decir, la idea es reconocer espacios más reducidos o cerrados y su significación para los poemas, a partir del concepto de heterotopía planteado por Foucault. Para ello nos apoyaremos en los  principios sobre la construcción de las heterotopías planteadas por nuestro autor; el primero de ellos se relaciona con la posibilidad de yuxtaposición de distintos espacios en un único lugar real (Foucault, 1986), como ya dijimos que ocurre en el teatro, explicado en párrafos anteriores y, segundo, el que se explica casi al final del ensayo Los espacios otros,  diríamos, como modo de conclusión por parte del autor “La nave ha sido para nuestra civilización, desde el siglo XVI hasta hoy, al tiempo, no sólo, por supuesto, el mayor medio de desarrollo económico (no hablo de eso ahora), sino el mayor reservorio de imaginación. La nave constituye la heterotopía por excelencia. En las civilizaciones de tierra adentro, los sueños se agotan, el espionaje sustituye a la aventura y la policía a los piratas” (Foucault, 1986, p.5).

Tomando en consideración lo expuesto, queremos analizar esta creación de espacios superpuestos, que se descubren  en cada poema y que vienen a conformarse como  la posibilidad que tiene el hablante lírico de situarse en un “lugar otro”, diferente, muchas veces situado en el “margen” o en la “orilla” como lo indica la propia Berenguer, pero dentro de este contexto espacial nominado ciudad. Así encontramos dos espacios heterotópicos que se desplazan por esta ciudad y que nos permiten retratarla, utilizando la mirada rápida a través de la ventana. El primero de ellos se refiere al recorrido que realiza el microbus “Matadero Palma”, el cual sirve de título para el poema. El hablante lírico nos sitúa en un espacio movible, cambiante, que se refleja a medida que nos fotografía la ciudad sobre este trayecto que se caracteriza por ser extenso y variado, donde se muestra tanto la actitud del conductor como la de los pasajeros y que, en definitiva, es un espacio común mientras dura este recorrido. La visión, por tanto, es muy rápida y fragmentada, tal como si lo estuviéramos viendo a través de una pantalla. Este fragmentarismo  se refleja además, en la construcción del poema, el cual no presenta la estructura de estrofa sino que todo lo contrario, son una serie de versos distribuidos en forma separada y en columnas paralelas, simulando las dos corridas de asientos propias del microbus. A medida que avanza este vehículo por las distintas comunas de Santiago se describe parte de la idiosincrasia chilena: “ La barriada /  Cuchitril bailando la conga”, “Motor de segunda / Fantoche”, “Recorrido por callejones / Callampas y sanjones”, “Matadero frugal”, “Rociada de flores / En avenida La Paz”. Como también la mirada desde dentro de este medio de transporte como espacio heterotópico: “Desvencijados asientos / Y graffittis metafísicos”, “rauda vas”, “esquelética de fierros / Bofe colgando de los sueños” (Berenguer, 1986, p37-38). Aquí somos testigos del último recorrido, del último camino de este servicio público. Puesto que la voz lírica lo representa como un camino hacia la muerte, utilizando para ello una serie de simbolismos como “esquelética de fierros” y, sobre todo, incluyendo el paso tradicionalmente obligado por avenida La Paz, “rociada de flores” como parodia  del “último adiós”, despedida y homenaje que realiza el “pueblo” a personajes públicos  insignes que se dirigen hacia su última morada.

En segundo lugar, tenemos el poema “Santiago metro”, el cual siguiendo la misma dinámica del microbus, recorre nuestra ciudad, pero por debajo, escondido, donde se refleja todo lo subterráneo, lo oculto, lo que no es evidente y que le permite ver y verse formando parte de estas dos realidades yuxtapuestas, que se hacen evidentes cuando sale del túnel, de la oscuridad. Nuevamente nos hace sentido el par de conceptos de Nietzsche sobre “lo apolíneo y lo dionisíaco”, por cuanto la luz y la sombra, lo fenoménico y lo oculto se articulan en esta imagen de la ciudad. Lo cual se grafica en los siguientes versos:

“SALVADOR

 

                        Oh Dios

                        Metal de metales

                        Aparición indolente

                        En el túnel de la miseria.

 

                        REPÚBLICA

                       

                        Es lo único

                        Hablo contigo:

                        Y vivo” (Berenguer, 1986, p.19-29)

En este caso, el hablante lírico, utiliza los nombres de diferentes estaciones del metro para crear y estructurar  sus versos, recurre al juego de palabras para mostrar esta realidad oculta, una verdad que está solapada, encubierta tras la idea de modernidad y progreso, donde la ciudad crece en distintas direcciones, por un lado, los edificios se alzan acercándose cada vez más al cielo y, por otro lado, se penetra cada vez más al centro de la tierra, sin embargo, aún seguimos “caminando entre las llamas”. Bajo este concepto encontramos los siguientes versos:

“ MONEDA                       

                        Estaríamos comiendo una sopa

                        De letras

                                               Dios

 

                        LOS LEONES

                        Policía: la secretísima

                        Hoy no llegaste

                        ¿Y mañana? (Berenguer, 1986, p.19-20)

A modo  de reflexión final, queremos tomar  la idea de nave o navío que plantea Foucault como máxima representación de la heterotopía, dentro de esto es necesario entender que la nave simboliza la posibilidad de desplazarnos de un lugar a otro, de deambular por distintos destinos buscando un lugar donde anclar, donde encontrar tierra firme para volver a comenzar, para fundar un nuevo mundo, por tanto, el navío nos brinda la posibilidad de llegar a este destino esperado; a la vez, también podemos entender que es un espacio cerrado que no nos permite salir porque nos encontramos rodeados por la inmensidad del mar, sin escapatoria, un espacio que se constituye en sí mismo como “todo el mundo posible” mientras se navega. Así se puede desprender del poemario de Carmen Berenguer en muchos de sus versos y pasajes:

PRESAGIO

 Vienen los cuervos

Alas negras

Desplegadas velas

De vela en vela

Cruceros volando

Mortífero polen en las garras rapiñando:

 

El cielo con tiza negra. (Berenguer, 1986, p.41)

 

Ahora bien, por extensión, hablaremos de esta imagen del navío como lugar sitiado y, por lo tanto, como representación de lo que ocurrió en Chile a nivel país y en las grandes ciudades durante el Golpe Militar. Chile fue aislado internacionalmente, se limitaron las importaciones y exportaciones, muchas delegaciones de otros países abandonaron el suelo nacional como una forma de exilio, huyendo del autoritarismo imperante en ese período:

2                       

Si Dios me dice ¡Hola!

                        Yo le contesto: ¿ Y dónde estabas tú,

                        Antes que el infierno lo devorara todo

                        Dándose un opíparo festín?”  (Berenguer, 1986, p.63).

El infierno se había desatado y cada reducto, cada pueblo, cada ciudad, cada hogar, se transformó en  ese espacio posible, aunque reducido, de vivencia intramuros, con ventanas tapiadas, cubiertas, que no dejaban ver el sol ni tampoco entrar las balas ni el gas lacrimógeno, cada casa se transforma en un muro de contención de la violencia, pero también, en prisión:

“9

                        Qué gran maraca es la guerra

                        Obligada a fornicar:

                        El hombre es el que paga” (Berenguer, 1986, p.65)

Por último, la figura del navío nos remite a la idea de una sociedad que deambula en búsqueda de un destino. Sin ser capaz de reconocer las coordenadas que lo lleven a un horizonte de libertad y realización, nuestra cultura, sus individuos, encontraron, en algunos casos, en el arte y sus diversas manifestaciones un puerto donde descansar y compartir con otros sus experiencias de soledad y esclavitud, pero en el fondo, ninguno de esos puertos era el hogar verdadero ni era la patria verdadera. Hubo que navegar por muchos años, buscando señales, “siguiendo huellas”, para dar forma a una salida que fuera garante de una nueva convivencia, un suelo que          pudiéramos reconocer nuevamente como nuestro:

“1                       

                        La química sirve para todo,

                        Hasta para borrar manchas históricas.” (Berenguer, 1986, p.63)

La historia es nuestro registro del pasado y nuestra identidad; algo que no podemos ni debemos olvidar. La historia es también, en sí misma, una navegación, un recorrido que deberá tener una meta, pero que muchas veces debe ser vivido como el único espacio posible para la realización. El navegar es la vivencia a veces turbulenta, tormentosa que busca y espera la calma de los mares profundos de la paz.

                        “12

                        Dios eres dueño de todo,

                        Millones de almas: errabundas” (Berenguer, 1986, p.66).

Bibliografía

-         Bello, Javier, 1998. Los náufragos. Santiago de Chile. Disponible en Internet: http://www.uchile.cl/cultura/poetasjovenes/naufragos4.htmhttp.

 

-         Berenguer, Carmen, 1986. Huellas de siglo, Santiago de Chile: Ediciones Manieristas.

-         Foucault, Michael, 1967. Los espacios otros. Edición electrónica.

Disponible en   Internet:

http://www.rapidshare.com/files/116090028/foucault-spaciosotros.pdf.

-         Garrido Donoso, Lorena, 2008. Naciste pintada de Carmen Berenguer o el desplazamiento de los géneros literarios/sexuales, Revista Acta Literaria, n° 36, I semestre, pp. 73-86.

-         Maturana, Humberto,  2005, en Artículo de Francisco Cerda Humberto Maturana: conocer y adaptación, Santiago de Chile. Disponible en Internet :http://www.nimaquinasniplata.cl

-         Tejedor Campomanes, César. 1989. Historia de la filosofía en su marco cultural, Madrid: Editorial SM.

-         Vattimo, Gianni, 2007. En Hermenéutica y sociedad en Gianni Vattimo, Beuchot, Mauricio, Revista de Filosofía, A Parte Rei 54. Disponible en Internet: http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei