Pensando la Polis desde la Jungla

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Pensar el fenómeno cultural contemporáneo

Conciudadanos: he aquí una nueva colaboración de un antiguo compañero de trinchera, Cucho Lambreta. Nos pasa a dejar un análisis interesante sobre el sentido y razón de la cultura, el arte, su reproductibilidad y su carácter de herramienta para ellos y para nosotros. Repensar la cultura, desconfiar de la estetización de lo político y empoderarnos como sujetos, parece ser la invitación.

«Líneas para pensar el fenómeno cultural contemporáneo

como un proceso de resistencia del ser».

“El modo y manera en que la percepción sensible humana se organiza- como medio en el que se produce- no está sólo natural sino también históricamente condicionado”[1]

¿Cómo pensar el fenómeno cultural contemporáneo?, ¿Desde cuál de sus aristas lo abordamos?, Cómo desarrollar un proyecto cultural que no contribuya a perpetuar la relación impuesta entre cultura y espectáculo, sino  que más bien nutra un proceso de re-significación de la actividad cultural, no ya desde su dimensión entretenedora, sino que desde su perspectiva humanizante.571709

Vivimos en un Chile complejo, intensamente segregado y profundamente desigual, un Chile en donde la cultura pareciese estar más asociada al quehacer de un grupo de artistas o artistos, que conciben lo culto meramente como la sofisticación de un consumo cultural occidentalizado; incapaces de buscar entre lo propio algún resabio de identidad que no sea el cliché chabacano y chovinista con el que todos los guatones Loyola parecen persignarse por estos días, niegan el quehacer cultural que surge de la resistencia a un mundo cada vez más homogéneo.

Lo culto para ellos es un bien que sólo puede ser adquirido en el exterior, en Europa, Estados Unidos, Asia, etc…  la cultura es un bien de importación, que debe ser enseñado, -admiren la capilla Sixtina, palidezcan ante las Meninas, conmuévanse con los cuadros de Hopper-. Cultura de importación, negación de lo propio mediante el arte de la invisibilización y abandono del germen en constante construcción que es lo nuestro.

El fenómeno cultural contemporáneo, no puede ser ingenuo de los procesos históricos que nos permiten identificar los medios mediante los cuales se perpetúa una subjetividad somnolienta, desidiosa y profundamente ególatra. En orden para combatir esta profecía autocumplida surgen herramientas de empoderamiento ciudadano, que en la medida en que nutran y aúnen la voluntad de resistencia de esta impostura ya integrada a nuestra forma de concebir el mundo, fortalecerán una nueva subjetividad, una nueva experiencia del ser y quizás una reivindicación de lo humano.

1.

Cuando hablo del fenómeno cultural contemporáneo, me refiero a un número importante de nociones, algunas contradictorias y no por eso menos ciertas. Pero para comenzar a esbozar este estado al que me refiero, me es importante rescatar algunas nociones del siempre lúcido ensayo de Walter Benjamin “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, este ensayo guarda dos grandes nociones que son de interés para la reflexión que propongo. La primera es la noción de aura, entendida ésta como ese halo de singularidad incuantificable que nos devuelve la mirada cuando observamos una obra de arte, y que entra en un estado de decadencia cuando la obra de arte se inserta en la lógica industrial y se abre camino a públicos antes marginados, esta noción de aura es fundamental para entender el estado contemporáneo del fenómeno cultural pues se vincula con el quehacer de la actividad cotidiana moderna (a este respecto volveré más adelante), lo que es importante subrayar por el momento es que el aura se ve afectada por la industrialización de los procesos de producción de objetos de arte en favor de su libre circulación, así los objetos idénticos uno del otro pierden singularidad y por ende valor de culto.

El segundo punto surge a raíz del uso dado por los mega proyectos nacionalistas y económicos a la noción de la reproductibilidad técnica del arte señalada y el advenimiento de la sociedad de consumo, o como W. Benjamin denomina la estetización de la política. Esbozaré dos ejemplos de la aplicación sistemática de esta noción para exponer como cuando la política ordena el mundo a partir de la estética las dinámicas socioculturales se estancan y el quehacer político de una sociedad queda reducido al despliegue estético de un proyecto que oculta la verdadera inmovilidad de la relación entre las fuerzas productivas.

El primer ejemplo se pueden apreciar con el auge del tercer Reich y su impresionante despliegue estético, consecuencia de una puesta en escena de la voluntad bélica que se identificó con los postulados del futurismo.

“La guerra es bella porque, gracias a las mascaras de gas, así como al terrorífico megáfono, a las tanquetas y a los lanzallamas, instaura la soberanía de lo humano sobre la maquina totalmente subyugada. La guerra es bella porque enriquece las praderas con las ígneas orquídeas que florecen de la boca de las ametralladoras. La guerra es bella por cuanto reúne en el seno de una sinfonía los tiroteos y los cañonazos, las detenciones en el fuego y los perfumes y los olores penetrantes que proceden de la descomposición. La guerra es también bella porque crea nuevas arquitecturas: grandes tanques, escuadrillas en formaciones geométricas, espirales de humo que se elevan sobre las aldeas incendiadas y todavía otras muchas… ¡Poetas y artistas futuristas… recordad estos principios fundamentales para una estética de la guerra… para que iluminen el combate en busca de una nueva poesía y unas nuevas artes plásticas”.[2]

Manifiesto 1912, Filippo Tommaso Marinetti.

Este deleite estético por el movimiento, las figuras geométricas y maquinarias bélicas inspiradas en el diseño de la producción industrial hace del proyecto nazi un ejemplo de esta estetización de la política, al hacer del mundo un proyecto estético del ordenamiento político, se produce una subjetividad que naturaliza la ideología que lo rodea y por ende genera un ser que percibe y siente al mundo desde los postulados del nazismo, dicho de otra manera, el tercer Reich encuentra en la estética el vehículo de propaganda más eficaz que el mundo halla conocido y con esto cambia el mundo visible de ese sujeto de forma pragmática. El alemán promedio admira el despliegue estético de su ejercito, se emboba con la percepción de movimiento, los símbolos, uniformes, maquinarias, tecnología, todo esto afecta en mayor o menor medida a la concepción del mundo del alemán, de la misma forma en que la televisión, la moda, los medios de transporte y el confort que la vida moderna ofrece, afectan al chileno promedio.

El otro ejemplo es más contemporáneo y tiene relación con el auge del modelo económico conocido como el capitalismo financiero orquestado por E.E.U.U país que se erige como el gran vencedor al término de la segunda guerra mundial, conservando todo su aparataje industrial intacto, el estilo de vida estadounidense comienza a ser exportado. El sueño americano se instaura como una mercancía que todo envuelve y a todos seduce. El cine, la publicidad, y el diseño comercial tienen una responsabilidad innegable en como el mundo comienza a transitar hacia lo que Guy Debord denominó “la sociedad del espectáculo”, concepto que nos habla de un mundo en donde la realidad  esta tan banalizada que sólo parece ser real mediante su puesta en escena.

Con el advenimiento de la sociedad de espectáculo, la subjetividad del hombre occidental transita a la de un consumidor que busca satisfacer sus ansias de placer en base a la promesa del sueño americano: una familia feliz, comida rápida, rock, autos, coca cola, estrellas de cine y un largo etc… todo un aparataje ideológico que juega con instalar en el mundo subjetivo un deseo, un estilo de vida al que se puede acceder mediante el consumo de mercancías. Un lúcido ejemplo de lo alcances de esta espectacularizacion del mundo, puede encontrarse en la obra de Andy Warhol y lo que él llamó pop art.  El nacimiento de la cultura popular,  podría entenderse como ese invento escenificado de un estilo de vida superficial en donde el ser se rinde ante Eros, y Thanatos simultáneamente.

Las derivaciones de lo que señala Debord y Warhol son vastas, sin embargo podemos tomar una vieja sentencia de W. Benjamin para ejemplificar claramente sus alcances.

Fiat ars, pereat mundus*, nos dice el fascismo, y , tal como Marinetti lo confiesa, espera directamente de la guerra la satisfacción artística que emana de una renovada percepción sensorial que viene transformada por la técnica. Tal es al fin  la perfección total de l´art pour l´art. La humanidad, que antaño, con Homero, fue objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, ahora ya lo es para sí misma. Su alienación autoinducida alcanza así aquel grado en que vive su propia destrucción cual goce estético de primera clase. [3]——-sdfa

Benjamin propone como respuesta a esta estetización de la política, la politización del arte y es en este sentido que abre la posibilidad para un tipo de arte que se conforme como una forma de resistencia, como una subjetividad que se opone al status quo del mundo contemporáneo develando aquello que esta naturalizado y que no es ni casual, ni ingenuo, ni inocuo.

2.

“Cultura es cultivo, cultura humana es auto-cultivo del ser humano, perfeccionamiento,  humanización del ser humano.  (…) El perfeccionamiento de la humanización de cada individuo es, en definitiva, un proceso de empoderamiento que le permite escapar de esa situación de víctima de los sistemas que dictatorialmente se construyen sobre él (y de los que nuestra historia está llena), que lo capacita para escaparse de eso y construir él mismo los sistemas.”[4]

Gabriel Salazar cuando habla de cultura, habla de un proceso de empoderamiento, de un auto-cultivo, de una construcción del yo. En este sentido su propuesta abarca e incluye lo que Benjamin llamó politización del arte, pues el arte empoderado y autoconsciente sería capaz de ver más allá de las apariencias de este mundo espectacularizado. Esta construcción del yo, y este auto-cultivo, son también una respuesta a la decadencia del aura a la que me refería el principio de este ensayo, la decadencia de un aura ya no perteneciente a la obra de arte sino que a un aura humana.

Vivimos en un mundo que produce artículos en masa de la misma forma en que produce seres humanos en masa, privados de la posibilidad de autoconstruirse y de empoderarse de su subjetividad pues esta ya está perfectamente pulida, sonriente y eternamente complaciente en las estanterías del supermercado, en la televisión, el cine y la publicidad. Es por esto que no es sólo la obra de arte la que está en decadencia, pues el ser humano también entra en una suerte de era de su “reproductibilidad  técnica”. Para ser burdos el hombre “hecho a mano” es aquel que se autocultiva en ese proceso de empoderamiento que es el existir, por otro lado aquel hombre que es producto de una cultura hipermasiva moldeada para satisfacer sus apetitos ególatras sería sólo un consumidor más o menos refinado de una cultura de espectáculo; un ente carente de identidad que sirve al propósito de mantener el estatus quo sin darse cuenta jamás de su situación de hombre-masa.

Dicho esto no quiero plantear la aberración que sería suponer que la alienación del hombre moderno sea producto de la reproductibilidad técnica del arte, sino que solamente quiero señalar un paralelo entre los efectos que tiene para el aura del objeto de arte su producción seriada y la producción seriada de seres humanos-consumidores, como seres cuya aura se encuentra en franca decadencia. Quiero recalcar que el aura no muere ni desaparece sólo entra en decadencia.

“La clave consiste en el estudio de los modos según los cuales el sujeto ha podido ser insertado como objeto de los juegos de verdad, a través de qué formas diversas y particulares de gobierno de individuos.(…) de este modo, la pregunta por la esencia de la libertad comporta la tarea de este esenciarse de la libertad que hace posibles diversas experiencias y prácticas de sí que conllevan a un verdadero arte de existir que es también el de hacer la experiencia de sí mismo” [5]

3.

En el seno del escenario hiperglobalizado en el que vivimos, se gesta un cambio de paradigma en torno al acceso, flujo y concentración de conocimiento que puede ser ejemplificado como el paso de un espectador del show mass-mediático en que estaban sometidas las grandes masas de seres humanos desconectados uno de otro; al de un usuario conectado a una red, cuya experiencia es siempre única y está sólo sujeta a la voluntad del usuario en cuestión. Con la creación y masificación del uso del internet el consumidor ya no tiene por qué contentarse con el mediocre abanico programático que ofrecen los medios de comunicación masiva, pues la red de la que es parte, se encuentra  a su disposición y no viceversa.

El flujo de ideas y el acceso libre a la información son dos grandes beneficios de este cambio de paradigma, pues lo que hace 15 años era imposible de conseguir hoy sólo está supeditado a la capacidad de búsqueda que tenga el usuario. Libros, música, foros, blogs, diarios, enciclopedias, datos, estadísticas, y por sobre todo personas a las que de otra forma no se podía tener acceso y con las que tanto comunicarse como coordinarse  en tiempo real son sólo cuestión de tener acceso a esta red. Estos son los beneficios que conlleva el paso del espectador al usuario y aunque no son inocuos de ninguna manera pues por ellos pagamos con la decadencia de la experiencia cara a cara, es importante resaltar que permiten al ser empoderarse de su experiencia subjetiva de formas antes imposibles de concebir.

El movimiento globalizante da un giro inesperado en este aspecto, pues la producción de seres humanos en masa parece indefectiblemente conducir a la conformación de trincheras que se revelan y resisten el avance de un mundo que tiende a la homogeneidad, trincheras de pensamiento, de empoderamiento que se expresan y al hacerlo fertilizan ese fenómeno del cultivo del ser auto-consiente, accediendo a la libertad social que el conocimiento de los determinismos sociales permite conquistar contra los determinismos. Estas trincheras hoy se pueden interconectar, pueden hacer circular ideas, organizar mítines, foros de debate, blogs, marchas, articular movimientos ciudadanos, y un sin fin de otras actividades que están cada día provocando en la sociedad una sensación de empoderamiento en torno al mundo que los rodea.

“Esas técnicas específicas para dar un estilo a la libertad subrayan que la transformación del sujeto no es la simple transformación del individuo, sino del sujeto mismo en su ser sujeto. La transformación del ser del sujeto permitirá la verdad. No se trata por tanto, de una verdad al margen de la transformación del sujeto ni de una verdad que no <actúe> sobre el sujeto, sino de aquella que sólo ocurre cuando el sujeto se transforma en su ser”[6]

Este proceso de trasformación del sujeto en un juego de auto-cultivo de su subjetividad se rebela a los determinismos impuestos por la globalización, y da por consecuencia lo que  podría comenzar a concebirse como una subjetividad renovada que está en franca resistencia. Esta cultura del empoderamiento, arraigada en la creciente indignación ciudadana, continua conectando conciencias en procesos de liberación y llevándolas a la calle, tomándose ese espacio público siempre negado a los pueblos.

Los movimiento ciudadanos no pueden ser ingenuos en este sentido y deben trabajar considerando este cambio de subjetividades, impulsando los encuentros, interconectándose y haciendo de la experiencia del ser un ejercicio de franca resistencia. Un ejercicio complejo, sólo para quien suponga que ser es algo sencillo.

Pero cuántos

oh cuantos sollozos

por una melodía de guitarra

el mal existía aún

la voz del hombre

incorporada a la trama del universo

no daba

respuesta

y parecía

casi

que no debiera haber respuesta alguna

antes del día

como si todo, nuevamente

fuera solo una espera

una espera de la estrella de la mañana

como si

comparado con eso

ya nada fuera legítimo

es por una última vez

que la noche reúne sus fuerzas

para vencer a la luz

pero es por la espalda

que la luz va a herir a la noche

y al principio, muy suavemente

como si no quisiera espantarla

el susurro

que el hombre ya percibió

hace largo tiempo

oh tanto tiempo

mucho antes que el hombre existiera.

el susurro recomienza… [7]


[1] Benjamin, Walter, “La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica”, Walter Benjamin OBRAS, libro I/vol. 2, Ed. Abada, Madrid, España, 2008 Pág. 56

[2]  Benjamin, Walter, Op. Cit. Pág.45

* <Hágase el arte, perezca el mundo>

[3] Benjamin, Walter, Op.Cit, Pág. 46.

[4] Salazar, Gabriel, “Cultura-sujeto y cultura-objeto”; “La construcción cultural del país: diversas visiones para un destino común”, Ed. Cultura, Gobierno de Chile, Santiago de Chile, 2010, Pág. 69.

 

[5] Foucault, Michel, “Estética, Ética y Hermenéutica”, Ed. Paidós, Barcelona, 1999, Pág. 25

[6] Foucault, Michel, Op.Cit. Pág. 28

[7] Godard, Jean Luc, “Histories du cinema (s)” Ed. Caja Negra, Pág. 142, Buenos Aires Argentina

One Response to Pensar el fenómeno cultural contemporáneo

  1. Avatar cultura contemporánea
    cultura contemporánea says:

    En esa resistencia es donde entra el arte en vivo como el teatro , la performance y otros ensayos con discurso. Es ahí donde esta la oportunidad y se invita a generar los ” encuentros, interconectándose y haciendo de la experiencia del ser un ejercicio de franca resistencia”.