Pensando la Polis desde la Jungla

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Tecnoliberación y nuevas formas de pensamiento.

Hacia la recuperación del conocimiento

por Lucianov

La tecnoliberación reconoce el progreso humano como techné, y no como simple poiesis en donde la técnica solo repite procesos productivos sin interpelar a la razón, sin progreso.

En este sentido, las armas y herramientas utilizadas para este proceso de recuperación del conocimiento son las mismas tecnologías puestas a nuestra disposición operadas por sujetos que han trascendido la atomización postmoderna y se han embarcado en la tarea de establecer redes (rizomas) de interacción y acción directa y concreta. Anonymous, wikis, redes p2p, Megaupload, bloggers, redes posthumanistas radicales, etc. y etc. son ejemplos de asociaciones políticas con objetivos estratégicos claros: liberar el conocimiento y posicionarlo como mecanismo democratizador y emancipador de la sociedad.

No pocas son las personas que debaten a diario a favor o en contra de los progresos, que por medio de avance técnico en múltiples campos, nos dan la posibilidad de acceder a herramientas tecnológicas, acortar distancias por medio de las ya no tan nuevas formas de comunicación o incluso extender nuestra esperanza de vida gracias al desarrollo de la medicina y la dudosa industria farmacéutica.

http://www.animalespoliticos.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gifLa discusión, por supuesto, seguirá abierta durante mucho tiempo, ya que no faltan argumentos tanto para “tecnófilos” como “tecnófobos” para defender su posición. Y es que desde ambas perspectivas encontramos razones que incluso, podrían asumirse desde una misma persona. Por ejemplo, al comprar un teléfono de última generación, con los consabidos beneficios de conectividad asociados, cualquiera podría debatirse entre la utilidad que a esa tecnología le podría dar contra los groseros valores tanto del equipo como de la empresa que brindará el servicio. O incluso, siendo más agudo, el daño provocado al medioambiente por el consumo de recursos que ese aparato implica, producto de la obsolencia programada a la que está sujeta y su eventual e inevitable condición de basura tecnológica.

Podríamos ahondar aún más en lo nefasto que resulta a veces este progreso, y evidenciar la alienación que provoca en el hombre el consumo de estos productos, en donde al correr hacia ellos se ve atrapado en un círculo vicioso de consumismo, inmerso en un ciclo de deudas y pagos y más deudas que lo obligan a vivir para trabajar y no al contrario.

Con estos argumentos y muchos otros, podemos ver claramente que hay un problema asociado al avance de la ciencia y la tecnología. Pero también tenemos argumentos necesarios para asumir que estos avances llegaron para quedarse, y que por tanto vienen asociados al desarrollo mismo de la humanidad. Y es que la evolución de la Técnica o lo que Aristóteles llamaba Techné, viene asociado al natural interés humano por el desarrollo del conocimiento. Pero este conocimiento, esta Técnica, viene dada en el marco de la polis, en donde el fin último no es vivir, sino vivir bien. Por ello, la Técnica debe estar supeditada a una ética que permita el mejor vivir posible para todos los miembros de una comunidad.

¿En qué momento del desarrollo del conocimiento humano entramos en una crisis tal que nos hace poner en duda los beneficios que este nos pueda traer? ¿En qué momento llegamos a experimentar el temor de que si los avances tecnológicos siguen a este ritmo podemos quedarnos sin mundo donde vivir?

Si bien pueden ser múltiples las respuestas, parece ser que uno de los factores de mayor influencia en esta grave crisis, tiene relación con la tecnocratización del conocimiento, entendido esto como el oligopolio en el manejo de múltiples avances que influyen de manera directa en la vida de los seres humanos a nivel mundial, pero que por razones estratégicas, principalmente asociadas al manejo de determinados mercados y al control político de instancias de poder, estas decisiones que recaen sobre nuestras vidas son tomadas por un reducido grupo de “entendidos”.

Frente a esto, no cabe duda que la principal crisis que experimentamos como raza humana, tal como señalara el Presidente uruguayo en su discurso en Río + 20, es de carácter político, puesto que quienes debiesen decidir en  atención al bienestar social, han diluido los discursos y acciones políticas concretas a tal punto, que pareciera ser que la actividad política se ha alejado de toda racionalidad. Los debates en torno a temas de desarrollo en las esferas políticas tradicionales están completamente vacíos y a estas alturas incluso, carentes de sentido. Las derechas liberales defienden un modelo económico sin preocuparse de la hipoteca futura que para la humanidad significa; las izquierdas viven maniatadas por sus contradictorios deseos de cambio revolucionario y las débiles sumatorias a las luchas “ambientalistas” que muchas veces fluyen desde veredas opuestas a las suyas, no sabiendo elevar aquellas banderas a tiempo.

Ante estos evidentes signos de escasez de democracia en nuestro modelo “democrático”, una de las posturas más vanguardistas que ha surgido en los últimos años es la TECNOLIBERACIÓN.

Este neologismo, acuñado principalmente por Muteba Kazadi, quien fuera Ministro de Desarrollo de Zaire, país de un continente fuertemente golpeado principalmente por la industria farmacéutica y los altos valores de sus patentes, es una reivindicación de algo que ha sido considerado como un bien de propiedad universal: el conocimiento humano. La tecnoliberación es la lucha por recuperar y expropiar la propiedad intelectual de una infinidad de avances, tanto científicos como tecnológicos, de las garras de las grandes corporaciones que se han enriquecido con ellas colocando como perro guardián de sus políticas a la ONU por intermedio de la OMPI (Organización Mundial para la Propiedad Intelectual). Debemos poner este conocimiento al alcance de todo el mundo, empezando por quienes más necesiten.

Estas teorías, que así expuestas parecen bastante utópicas, tienen una característica muy particular: asumen su utopismo. Y es que el planteamiento de las políticas e ideas que aquí se exponen responden a una condición fundamental: alejarse de las élites intelectuales-políticas formales y plantearse un camino de fácil acceso ante la mayor cantidad de población posible, con argumentos que se diluyen en una vasta red compuesta por personas de las más diversas posturas políticas y motivacionales, pero que atienden a un mismo y común objetivo: recuperar y difundir el conocimiento.

Estas ideas no se encuentran en ningún plan político de algún partido ni responden a algún manifiesto; circulan de manera libre en la acción concreta de comunidades virtuales, que en su versión más simple son las que se desarrollan en el anonimato de internet, pero principalmente, en literatura catalogada “de ficción”, en donde los relatos de un futuro ideal se confunden con las características de nuestra sociedad contemporánea y se presentan de manera libre para cualquiera que desee adquirir dicha información.

Pero si bien todo esto puede vestirse de utopía, los nefastos resultados de no llevar estas ideas a la práctica son reales y concretos. Los altos índices de mortandad en África por enfermedades como el SIDA, en tiempos en que los tratamientos permiten una mejor calidad en las condiciones de vida se explica por la imposibilidad de acceso a estas soluciones dado los elevados costos que significan para estas economías las patentes impuestas por las gigantes farmacéuticas, transformando estas limitantes en verdaderas armas de destrucción masiva, ante las que nos hemos acostumbrado a posicionarnos desde el rol de espectador.

Atribuir estos desastres a las limitaciones del mercado, es desligarse de la responsabilidad política de la que debiese estar revestida situaciones como esta. Que los principales avances en ciencia y tecnología surjan desde la industria de la guerra (como internet) no es un problema de mercado, sino político. Empezar por reconocer estas responsabilidades en cada uno debiera ser un imperativo, porque jamás podremos avanzar como sociedad creyendo que es mejor negocio matar que salvar vidas.

La tecnoliberación reconoce el progreso humano como Techné, y no como simple poiesis en donde la técnica solo repite procesos productivos sin interpelar a la razón, sin progreso.

En este sentido, las armas y herramientas utilizadas para este proceso de recuperación del conocimiento son las mismas tecnologías puestas a nuestra disposición operadas por sujetos que han trascendido la atomización postmoderna y se han embarcado en la tarea de establecer redes (rizomas) de interacción y acción directa y concreta. Anonymous, wikis, redes p2p, Megaupload, bloggers, redes posthumanistas radicales, etc. y etc. son ejemplos de asociaciones políticas con objetivos estratégicos claros: liberar el conocimiento y posicionarlo como mecanismo democratizador y emancipador de la sociedad.

Como señalaba en un comienzo, los argumentos en contra del avance tecnológico existen porque son reales, pero lo son porque este avance no ha significado progreso para la humanidad, y esto es así porque los responsables de este progreso, o sea cada uno de nosotros, no hemos sabido enfrentar el problema político que reviste el permitir, avalar o refrendar que el conocimiento sea atribuido a ciertos círculos, e incluso peor, permitir que tenga dueño.

La asociación política hoy en día es mucho más fácil y dinámica que hace 20 años atrás porque el uso masivo de tecnologías así lo permiten. Pero es precisamente en el uso que de estas tecnologías hagamos, en donde radicará nuestra condición de sujeto libre o de individuo alienado.

Muteba Kazadi,  poeta, ingeniero de comunicaciones, divulgador científico y Ministro de Desarrollo de Zaire. En su activismo político se ha encargado de formar grupos de científic@s que han logrado insertarse en las más altas corporaciones de desarrollo científico de EE.UU. Se dice en las redes CiberPunks, que hace un par de años, decenas de estos científic@s activistas han logrado escapar de estas corporaciones con el conocimiento desarrollado, y han encontrado refugio en una isla coralina que el propio Kazadi ha mandado crear, llamada Anarkia, la cual fue financiada con el ahorro producto del no pago de patentes mientras fue Ministro de Desarrollo. En Anarkia, se ofrece ciudadanía sin nacionalidad para todos aquellos que compartan estos valores libertarios y quieran trabajar por la liberación del conocimiento.