Pensando la Polis desde la Jungla

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De cómo verter el corazón sobre una tela…

Por Roque Maleza

El proyecto consiste en voltear el corazón en el papel.

Desmoronarlo, descongelarlo. Intentar no volverse sin sentido al querer por dentro explotarlo. Consiste en verter, dar vuelta el vaso roto (que cuela el dolor) sobre una tela.

No importa el tamaño, si se cuenta con colores pasteles, claros o blancos  [en cualquiera de sus gamas]. Todo con tal de que cada beso encarcelado, cada caricia no dada o rehusada, pueda sobresalir en el contraste dromedario.

El autor, sea hombre, mujer o un poco de ambos, debe acercarse a la tela, estirarla como el ultimo mapa encontrado, sobre un lugar idealmente accesible a cada arrebato o arrepentimiento inoportuno.

Si por algún motivo huérfano, el corazón se encuentra en descomposición o su estado es demasiado sólido para ser derramado, podrá esperarse el tiempo que sea necesario. (O desesperar).

Si se está apurado, bien podrá hervirse a baño maría o refregarse con fuerza. Pero, si hiede a decapitación es conveniente desertar de la obra, por muy pensada que esta se tenga.

No es fácil. No siempre los corazones quieren convertirse en óleo o arcilla. Y lo mismo suele pasar con los autores que no resisten de pie estando sin órganos ni silla. Cuesta respirar sin corazón, pero no es imposible si eso es momentáneo. Al menos a 3 minutos de combate llega cualquiera. (Sino fuera así, no habría fotos de corazones posando semidesnudos).

El corazón necesita ponerse al sol para secar las inundaciones. Y porque deja una sensación extraña la idea de ser pintor de mentiras ajenas, es mejor pintar cuadros sobre mujeres desfaldadas, viejos jubilosos y  niños escondidos.

El proyecto consiste en voltear el corazón sobre el papel. No suena ni es sencillo: la tela, la luz, el tamaño, los pinceles como bisturís y el médium como anestesia. El hombre, la mano, la idea, la figura y la desconfianza; seguro no son elementos de paquetería ni bazares comunes. /se deben mezclar tres cuartas partes con ese líquido sintético/ licuar las amarguras o embriagarlas con altos grados de alcohol sería lo más adecuado. Si no se tiene suficiente ración, hacer un doble esfuerzo para agregarle más verdades suspendidas. ¡Destapar el inconsciente como el último tarro sellado! Saque las mentiras, los arrebatos de locura y las morales alquiladas o aprendidas de memoria.

El proyecto consiste en volcar el contenido del corazón en una sabana que se intuya tela. Por eso, las experiencias anteriores frente a la pintura no tienen cabida aquí. Tampoco las teorizaciones estéticas sobre el lugar oculto del espectador.

Si se es objeto y sujeto, si me pinto a mi mismo cada vez que algo pinto, será problema futuro; ya suficiente tenemos que habérnosla con el corazón inquieto.

El espectador que se vuelve expectante y el observador observado deben ser manipulados a dicha y siniestra. A ultranza. Los burócratas y analíticos,  los barberos de sueños y las sombras a domicilio deben ser devueltos a sus naves. (Ya suficiente naufragio hay en sus corazones).

Por último: los ejemplos, el listado de materiales y las ilustraciones cuidadosamente desdibujadas deben conducirnos al retrato esperado. Si no se cree lo suficientemente preparado para hacerlo, si se ve incapacitado por noche o por fuego, al menos arriésguese a manipular su propio contenido óseo y no óseo. Enfréntese. Juegue y experimente. A final de cuentas, lo peor que podrá sacar es mirarse fijo a los ojos.

Roque Maleza

One Response to De cómo verter el corazón sobre una tela…

  1. Por eso, las experiencias anteriores frente a la pintura no tienen cabida aquí….

    El corazón necesita ponerse al sol para secar las inundaciones

    Me gusta, creo entender tu metáfora.
    Me encanta leerte Roque Maleza