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Literatura y cine: El espectro de Horacio Quiroga

Por A. Zuñiga.

Horacio Quiroga (1878-1937) es considerado uno de los pioneros del cuento hispanoamericano contemporáneo, y mucho se ha escrito sobre su motivación por profesionalizar el oficio de escritor. Esta idea queda de manifiesto en distintos  textos, publicados el siglo pasado, por ejemplo, El decálogo del perfecto cuentista ( 1927) o Retórica del cuento (1928). Sin embargo, este aspecto no es lo único que se destaca en el escritor uruguayo. Críticos y estudiosos de la literatura quiroguiana han analizado una serie de temas o tópicos recurrentes en su escritura, enunciando entre los más importantes: la muerte, el amor, la locura, la selva, etc. Además de estas orientaciones, se destaca otra faceta desconocida de su trabajo. Esta es, su afición por los adelantos técnicos, y científicos . Esta temática es comentada por Darío Puccini en su ensayo Horacio Quiroga y la ciencia: Quiroga consideró la ciencia siempre con seriedad y empeño; del mismo modo vivió el período de transición y de grandes conquistas y éxitos, en el que la ciencia fue sobre todo evolución, progreso y descubrimientos que iban mucho más allá de la ciencia del tipo positivista. Para [él], escritor de buena cepa, la ciencia fue, además, proyección hacia tiempos nuevos.” (Puccini, 1997: 1358).

Por su parte, Beatriz Sarlo, en su ensayo Horacio Quiroga y la hipótesis técnico-científica, señala que los  biógrafos de Horacio Quiroga hacen continuas referencias a “los experimentos, los talleres, los fracasos y los caprichos técnicos” (Sarlo, 1997: 1274). En el contexto de estos intereses y obsesiones aparece otras de sus pasiones: el cine y la fotografía; su relación con estas áreas es muy cercana.  La fotografía se enmarca como una de las motivaciones impulsoras de su llegada a la provincia de Misiones, Argentina: “[…] viaja por primera vez al territorio de Misiones en 1903, en calidad de fotógrafo de la expedición de estudio que el Ministerio de Instrucción Pública ha encomendado a Leopoldo Lugones.”(Rivera, 1997: 1256). La fotografía es considerada “más como un oficio que como un arte.  […] se vinieron a agregar galerías fotográficas, baterías de cubetas aporcelanadas, líquidos fijadores y reveladores, kodacs y, en un rincón, una cámara oscura” (Rivera, 1997:1275).

Con respecto al cine, su conexión es mucho más estrecha y se percibe desde diversos aspectos: siendo pionero al realizar  críticas cinematográficas desde 1919, escribiendo dos proyectos de guiones notorios y frustrados: “La jangada” y  la adaptación de su cuento “La gallina degollada”, la fundación de una empresa cinematográfica que fracasa, su asidua concurrencia a la salas de cine. Algo bastante inusual para su época y su condición de intelectual, ya que este arte era considerado como una manifestación destinada a  la diversión y pasatiempo de cocineras, empleadas y los hijos de éstas. Así queda plasmado en su crítica titulada “Los intelectuales y el cine”: “Los intelectuales son gente que por lo común desprecian el cine. Suelen conocer de memoria, y ya desde enero, el elenco y programa de las compañías teatrales de primero y séptimo orden. Pero del cine no hablan jamás; y si oyen a un pobre hombre hablar de él, sonríen siempre sin despegar los labios.” (Quiroga, 1997: 1216).

  “No es aleatorio, por lo  tanto, el interés de Horacio Quiroga, cuya experta mirada descubre los rasgos diferenciales del nuevo medio y sus posibilidades expresivas autónomas, como puede advertirse por sus críticas y por muchos de los cuentos en los que el cine o lo cinematográfico juegan un papel considerable […]” (Rivera, 1997: 1267).

Cine y literatura

             El cine ha sido considerado como un aporte a la literatura y más específicamente, al teatro. Se trata, puntualmente, de la realidad del escenario que permite recrear el “séptimo arte”;  pasando así “de la verdad del escenario, a la sobriedad de la expresión, calidad por excelencia, del cine como arte interpretativo” (Baccino Ponce de León y otros, 1997: 1211). Es decir, una de las grandes ventajas que manifiesta el cine con respecto al teatro, se refiere a su capacidad  de creación de ambientes con estrecha relación con la realidad misma, desventaja que no ha podido superar la ambientación en la representación teatral. “El cine posee esta gran fuerza de sugestión: la de la doble  vista, de la alucinación flagrante, del ensueño materializado en un rincón de la pantalla”. (Quiroga, 1997: 1216).

             Dentro de los rasgos distintivos de la literatura de Quiroga y su estrecho vínculo con el mundo cinematográfico, podemos destacar esta temática recurrente presente en algunos cuentos; es el caso de el relato “Miss Dorothy Phillips, mi esposa” (Anaconda, 1921), “El vampiro” (Más allá, 1935), “El puritano” (Más allá, 1935) y “El espectro” (El desierto, 1924), entre otros. En este último relato citado centraremos nuestro análisis, teniendo en consideración los siguientes aspectos: ¿Qué importancia se le atribuye al mundo de la fotografía y el cine para conformar el relato?, ¿De qué forma se utilizan los recursos visuales para crear el mundo de ficción?, ¿Qué rol cumple la imagen proyectada en la trama?, ¿Qué importancia tiene para la historia, la inclusión del personaje como imagen fantasmagórica proyectada a través de la pantalla grande?.

             Para conformar el marco teórico, los autores que se van a considerar son Antonio Ansón con su texto “Literatura de la realidad, literatura de la duda” y André Bazin con “Ontología de la imagen fotográfica”.

             Como se menciona en las páginas precedentes, la predilección de Quiroga por temas cinematográficos se ve reflejado permanentemente en su escritura; “El cine interpela a Quiroga en esas dos dimensiones de lo fantástico: la que remite a la posibilidad científica o constructiva y la que pertenece al registro de la imaginación, uniendo dos polos del deseo estético a comienzo de este siglo. El cine ofrece nuevas hipótesis a la literatura fantástica […]” (Sarlo, 1997:1279). Dicho de otro modo, el cine le brinda al autor la posibilidad de incluir nuevos temas, situaciones y personajes, basándose, especialmente, en el mundo del cine mudo norteamericano, y este es justamente el caso de “El espectro”, el cual está protagonizado por un reconocido actor de cine (Duncan Wyoming), su esposa, también actriz (Enid) y el amigo (Guillermo Grant), todos ellos asiduos visitantes de las salas de cine. Sin embargo, a pesar de utilizar el tema en un sentido literal, por cuanto es la base que articula la ficción en el relato, vemos también la doble estructuración del tema y la significación que adquiere la proyección de la imagen como umbral o eje  de conexión entre dos mundos. Es decir, los personajes se conectan con el mundo real utilizando como trampolín el mundo de la realidad ficcional de la película. “Quiroga exaspera lo que el cine, como técnica de producción y reproducción de imágenes, promete a la fantasía científica: sí es posible capturar para siempre un momento, para convocarlo cuando se lo desee, sí es posible que la imagen bidimensional e inmóvil de la fotografía haya pasado a ser imagen todavía plana pero temporalizada por el movimiento” (Sarlo, 1997: 1279). Acá el escritor tiene la posibilidad de intervenir, al igual como lo hace el fotógrafo, por ejemplo, captando el momento preciso que desea reflejar con su lente o en su relato, capturando o describiendo un instante que, según sea el tipo de lector y su especial “modo de ver”, interpretará esa realidad de manera diferente pero siempre única. Así, cada imagen de una cámara es el equivalente de una o más palabras que se multiplican por miles según “el ojo” del lector de una obra y esos “modos de ver” la realidad serán capaces de recrear la historia a través de sus diferentes y únicas miradas sobre ella. Pero lo que da real sentido y continuidad a cada una de esas imágenes es, sin duda, la narración o escritura por cuanto, sin éstas, la fracción o parte de la realidad capturada en el instante de una imagen, no es concebida como la realidad en sí misma o como toda la realidad sino sólo como un instante del pasado, de lo ya sido o ya vivido.

             Uno de los grandes cambios que provoca la aparición de la fotografía en el mundo del arte dice relación con la ruptura que se produce con la tradición, el arte y la literatura, deja de ser el espejo fiel de la realidad, lo que le permite liberarse y dar paso a nuevas creaciones y realidades que actúan en forma independiente. En el caso del relato en cuestión, el autor desarrolla la historia utilizando técnicas propias del lenguaje cinematográfico, “[rompiendo] con la linealidad de su obra anterior, se usa racconto, una complejidad mayor en el tratamiento de espacios y tiempos” (Martínez, 1997: 1300), el gran impacto que provoca  en el escritor este nuevo arte, lo lleva a romper con las técnicas más típicas del relato fantástico. “Quiroga vuelve el mundo ficcional de los filmes en un mundo real, coexistente y paralelo al mundo tangible (…)” (Martínez, 1997: 1299), es decir, no se atenta contra la verosimilitud del relato al hacer converger el mundo real con el fílmico, es más, estos recursos permiten a Quiroga poner en duda cuál de los dos mundos es el real, por cuanto hay un constante contacto entre ambos mundos, un juego sutil entre imágenes y palabras que van y vienen entre el pasado y el presente, entre lo real e irreal.

 “El espectro” (1924)

 El relato “El espectro”  se construye a partir de la relación amorosa que surge entre Enid y Guillermo Grant, la cual prospera luego de la muerte del esposo de Enid, Duncan Wyoming. El tema del cine es el que permite replantear el imaginario sentimental y configura una nueva forma de presentar el erotismo; “El ciclo del enamoramiento y la pasión que la literatura sentimental había convertido en un poderoso impulso para la literatura consumida por el público medio y popular, se exaspera hasta un paroxismo de amor y muerte que remite a los ideales tardorrománticos y decadentistas”. (Sarlo, 1997:1279). La pareja de enamorados es capaz de vencer a la muerte, que en primera instancia los había separado y,  finalmente, reencontrarse como espectros que deambulan por las salas de cine, sin ser percibidos por el público: “No son suficientes un tiro y un espectro para desvanecer un amor como el nuestro. Más allá de la muerte, de la vida y sus rencores, Enid y yo nos hemos encontrado. Invisibles dentro del mundo vivo. Enid y yo estamos siempre juntos, esperando el anuncio de otro estreno cinematográfico”. (Quiroga, 1997: 551). Sin embargo, no debemos olvidar que los espectros son proyecciones insustanciales de la imagen, las cuales son posibles de dimensionarse y “presentificarse  indefinidamente, por lo menos en términos teóricos no hay que descontar un desarrollo técnico que permita el tránsito entre la bidimensionalidad de la imagen y la apertura hacia desarrollos posibles de un movimiento arrancado de la repetición y  devuelto a su fluir temporal”. (Rivera, 1997: 1279). Al  igual como ocurría con la fotografía espiritista, la que era considerada un “instrumento de objetivización que permitía que los fenómenos espiritistas entraran en el sistema de la ciencia oficial” (Chéroux, 2004: 199-200), el narrador utiliza la acción de la proyección espectral para cambiar el transcurso de los acontecimientos, poniendo el relato a disposición del esposo muerto; así, cada noche, el actor cobra vida en la película al punto de lograr su venganza frente al engaño de su esposa con su mejor amigo, “ (…) Yo lo vi adelantarse, crecer, llegar al borde mismo de la pantalla, sin apartar la mirada de la mía. Lo vi desprenderse, venir hacia nosotros en el haz de luz (…)” (Quiroga, 1997: 550); se sabe que la imagen corresponde a una ilusión, creada por una luz que se proyecta cada noche,  haciendo presente la imagen original del actor ya muerto y que vive gracias a esta fantasmagoría, convirtiéndose en una reproducción infinita de lo que fue ese ser durante su vida.

 Horacio Quiroga con este cuento fue capaz de liberar a la imagen de la inmovilidad y de la repetición temporal, mediante un procedimiento técnico propio de la cinematografía; fue más allá de lo realizado por la literatura de corte fantástico: utilizó la proyección como el elemento de unión entre lo real y lo ficcional. “(…) su narración opera como si fuera posible que el cine, técnicamente, pudiera realizar la fantasía de sus espectadores (o de sus protagonistas): mezclarse con la vida, continuar en la escena real las pasiones de la escena filmada y proyectada”. (Sarlo, 1997: 1280). Así, lo vemos planteado por el narrador protagonista casi al final del relato, quienes esperan un error de Duncan Wyoming para volver nuevamente a la vida “(…) Al más leve movimiento que efectúe el actor, apenas se desprenda de la pantalla, Enid y yo nos deslizaremos como por una  fisura en el tenebroso corredor. Pero no seguiremos el camino hacia el sepulcro de Wyoming, iremos hacia la Vida, entraremos en ella de nuevo.” (Quiroga, 1997: 551-552).

 Las variadas posibilidades que abre este nuevo arte, la fotografía y la cinematografía, permiten que el escritor dé un salto inmenso hacia una dimensión poco explotada por los autores contemporáneos a Quiroga; estos van desde los aspectos técnicos propios de la ilusión óptica hasta la creación de fantasías que se alejan de la noción de realidad; “[se transforman] de personajes de carne y hueso (aunque locos) a fantasmas” (Puccini, 1997: 1353). Al inicio del relato, los tres personajes que protagonizan la historia eran seres humanos, luego, se transforman en personajes- fantasmas que tienen plena libertad para deambular por el mundo de los vivos y que conforman un triángulo amoroso; es así como se le atribuye aspectos sobrenaturales  a la magia del cine; “No estorbamos, creo; o, por lo menos, de un modo sensible. (…) Y si en verdad alguno, con escalofrío de inquietud cuyo origen no alcanza a comprender, vuelve a veces la cabeza para ver lo que no puede, o siente un soplo helado que no se explica en la cálida atmósfera, nuestra presencia de intrusos no es nunca notada;” (Quiroga, 1997: 543). Por tanto, el cine permite, en este relato, llevar a cabo el castigo frente a los que en ese minuto son los traidores, como también adquiere la connotación de una nueva forma de re-presentación de la vida; “El cine no es sólo un soplo de vida, implica la práctica misma de la recuperación, aunque sea ilusoria, de la imagen del que se fue, representa el deseo cumplido de la repetición del instante único. Aunque al fin siempre triunfe la destrucción”. (Rocca, 2003: 34).

 Otro de los aspectos presentes en este relato dice relación con la crítica velada que realiza el autor respecto del mundo del cine y las diversas aristas que lo rodean. Para ello utiliza la voz de uno de sus personajes, Duncan, para manifestar su percepción sobre el entorno que rodeaba a los actores de cine: “No es la situación económica- me decía-, sino el desamparo moral. Y en este infierno del cine…” (Quiroga, 1997: 544). Es de conocimiento general que Quiroga le otorgó una posición privilegiada al séptimo arte, dejando de lado los prejuicios existentes de parte de los intelectuales de la época. Él reconocía que al igual que lo ocurrido con la literatura, existían muchas películas de muy baja calidad, pero que para saber y opinar era necesario verlas, hasta tener el privilegio de encontrarse con una película de extraordinaria calidad la que permitiría justificar el tiempo invertido en las otras proyecciones. Esta afirmación también podría interpretarse como una crítica hacia el mercado local en desmedro con respecto a la industria norteamericana, ya se había comentado en páginas anteriores que para nuestro autor son éstas las únicas cintas que merecen ser destacadas ya que logran realizar un arte puro.

 Otro autor que nos aporta elementos de análisis es Antonio Ansón (1960), connotado escritor español, quien habla sobre la relación entre fotografía y literatura y su importancia, específicamente por el aporte brindado por la invención de la fotografía a los escritores de comienzo del siglo XX. Visto esto, aplicado ahora a nuestro texto y parafraseando a André Bazin (“Ontología de la imagen fotográfica”, 1990), esta técnica al capturar un instante del acontecer,   permite una liberación y culminación de la idea realista del arte, la que se desarrolló abandonando, en muchos casos, la estética de lo captado. Entonces, la fotografía fue más que una revolución de la idea que se tenía de la pintura como una representación fiel de la realidad, implicó una nueva mirada, cambiante y progresiva de lo observado, haciendo posible recrear e, incluso, reinventar realidades. “Los herederos de la fotografía como ficción comprendieron que la realidad esconde  muchas sorpresas y la verdad de la imagen no se corresponde necesariamente con aquello que vemos o creemos ver (…)” (Ansón, 2000: 34). El relato deja atrás el período literario de Quiroga donde se hacía presente la temática y estructura realista y da paso a una serie de transgresiones que permiten construir una historia cargada de coexistencias y mundos paralelos; por ejemplo,  es el caso de la idea de lo siniestro que desarrolla el autor, vinculándola con los fantasmas de la histeria, las culpas y la venganza las que son personificadas  por Duncan, Enid y Guillermo. Se llega así,  incluso,  a poner en tela de juicio cuál es la verdadera realidad que se quiere recrear: la del film (es decir, la construcción de  fantasmas  gracias a una técnica) o la del mundo narrado que “aparece” como real. Y más aún, desde otra mirada, estos dos mundos pueden ser considerados como uno solo, desde la fantasmagoría que representan los personajes del cuento frente a un mundo que es real, pero pasado, al cual remite el narrador como comienzo de la historia, transformándose  luego en un solo mundo “Se trata de historias que cuestionan no sólo la existencia de la narración, sino la realidad misma de la voz que dice haber visto” (Ansón, 2000: 37).

  La literatura de Horacio Quiroga refleja, en cierto modo, lo que él experimentó  durante toda su vida; fue  un innovador, multifacético, un “escritor científico”, un hombre curioso intelectualmente hablando,  ya que vivenció cada materia o asunto incluido en sus relatos,  abordándolos con conocimiento de causa, es decir,  fue considerado por la crítica como un escritor competente en muchas  disciplinas, las que desarrollaba como profesión, oficio o pasatiempo.

 El relato breve estudiado en este ensayo, es una consecuencia de la notable importancia que tuvo la fotografía y el cine para su literatura, tanto en sus textos literarios como en los no literarios. Es un cuento íntimamente relacionado con la imagen, ya que la narración se construye a partir de una perspectiva óptica, por ejemplo, los personajes son seres relacionados con el mundo del cine, la trama está centrada en la proyección espectral de los sujetos y en su devenir frente a los acontecimientos, es decir, la revolución y el impacto que provoca la fotografía en el mundo entero, también encontró eco  en algunos literatos hispanoamericanos.

 Para Antonio Ansón, estas creaciones son textos que surgen al alero del desarrollo de la imagen fotográfica, “son obras asociadas a lo visual, de lo que se llama la literatura de la duda, que se deja sentir en apuntes que revelan la naturaleza subterránea de cuanto ocurre en la  narración” (Ansón, 2000: 40). En el caso particular de  “El espectro” la visualidad se observa durante toda la historia, en el texto encontramos una especial recurrencia a un elemento relacionado directamente con este tema, nos referimos a la alusión “sobre el ojo”  que el narrador menciona en varios pasajes, por ejemplo: “ La sola posibilidad de  que sus ojos llegaran a mirarme sin indiferencia, deteníame bruscamente el corazón” (Quiroga, 1997: 542) o en “Sus ojos, sobre todo, fueron únicos; y jamás terciopelo de mirada tuvo un marco de pestañas como los ojos de Enid”(Ibíd.: 543) y, más adelante,  “(…) A mil leguas de Nueva York, encajonado bajo tierra, estaba tendido sin ojos Duncan Wyoming. Mas su sorpresa ante el frenético olvido de Enid, su ira y su venganza estaban vivas allí, encendiendo el rastro químico de Wyoming, moviéndose en sus ojos vivos, que acababan, por fin, de fijarse en los nuestros”. (Ibíd.: 549). Aquí vemos cómo la simbología de “El ojo” posee una serie de connotaciones  tanto positivas como negativas; es, por un lado,  el que observa, el que conoce, el que interpreta con su especial forma de ver el mundo,  el que nos abre las puertas al conocimiento y, por otro, hace referencia a la idea del poder perturbador de la mirada; es este segundo aspecto, el que se dejar entrever en el relato, cuando se dice que los ojos de Enid perturban a Guillermo, los ojos de Duncan dejan ver los celos y su sentencia de muerte frente a la contemplación del  amor  entre su esposa y su mejor amigo. No obstante, Quiroga va más allá, utilizando el ojo como el único espacio de conexión entre el mundo de los vivos y mundo del film y, por extensión,  es el ojo de la cámara lo que permite al actor seguir viviendo para los otros a través de la pantalla; así, nos hace sentido, la expresión de André Bazin, antes citado, cuando afirma que  la fotografía y, por añadidura, el cine, “da origen a una imagen que participa de la naturaleza: crea una alucinación verdadera” (Bazin, 1990: 30).

 En definitiva, el relato de Quiroga utiliza la confusión como una técnica narrativa para exacerbar la posibilidad de que la realidad pueda ser percibida desde distintos ángulos, formas y complementos; la lectura y su  interpretación se hacen confusas, se imbrican hasta tal punto que se alternan diferentes sentidos y niveles de realidad a lo largo del cuento. Estas interpretaciones posibles consideran además, el contexto histórico y el conocimiento mediatizado del observador, por cuanto, son esos factores los que hacen que esa mirada sea única y permitan, en cada caso de manera diferente transgredir las fronteras de lo real y así, resulta casi imposible saber dónde se encuentra el límite entre lo verdadero y lo ilusorio. Complementariamente a lo anterior, no debemos olvidar que “la objetividad de la fotografía le da una potencia de credibilidad ausente de toda obra pictórica. Sean cuales fueren las objeciones de nuestro espíritu crítico nos vemos obligados a creer en la existencia del objeto representado, re-presentado efectivamente, es decir, hecho presente en el tiempo y en el espacio. (Bazin, 1990: 28).

 Como vemos, existen en el relato de Quiroga, una serie de dimensiones que vienen a confirmar que todos estos temas están estrechamente relacionados con la modernidad. Así tenemos, por ejemplo, la temática del cine y la fotografía, vinculados a la literatura, la transgresión de la vida hacia el mundo ficcional, planteado como  un intercambio permanente que genera incertidumbre, donde justamente el cambio es lo que permanece, el recurso de  la proyección espectral en la que el actor muerto se niega a desaparecer, aludiendo al eterno deseo humano de trascender. Otro elemento que es importante destacar es la forma in extrema res en que este relato es construido por el autor, vale decir,  el inicio y el desenlace del cuento se presentan unidos por el tópico articulador de la muerte; se inicia la historia narrando que  la pareja conformada por Enid y Guillermo deambula por las salas de cine, siendo espectros imperceptibles para el público y finaliza cuando ambos esperan ansiosos la última realización cinematográfica de Duncan Wyoming, siendo ésta su última posibilidad de escapar del destino definitivo y trágico de la muerte.

Bibliografía

 Ansón, Antonio, 2000: “Literatura de la realidad, literatura de la duda” en Novelas como álbumes, Madrid, Mestizo, pp.23-40.

 Baccino Ponce de León, Napoleón, 1997: “Nota filológica preliminar” en Todos los cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp. XLV- LIII.

 Bazin, André, 1990: “Ontología de la imagen fotográfica” en ¿Qué es el cine?, Madrid, Ediciones RIALP, S.A., pp.23- 30.

 Chéroux, Clément, 2004: “El caso de la fotografía espiritista. La imagen espectral: entre la diversión y la convicción” (Traducción de Pilar Vázquez), publicado en Le troisieme oeil: la photographie et l´oculte, Paris: Gallimard. Disponible en Internet:

http://webpages.ull.es/users/reacto/pdfs/n4/clement_cheroux.pdf [consultada en julio 2011].

 Martínez, Carlos Dámaso, 1997: “Horacio Quiroga: la industria editorial, el cine y sus relatos fantásticos” en Todos los cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp.1293- 1301.

 Puccini, Darío, 1997: “Horacio Quiroga y la ciencia” en Todos los cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp. 1340- 1359.

 Quiroga, Horacio, 1997: “El espectro” en  Todos los cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp. 542-552.

 Rivera, Jorge B., 1997: “Profesionalismo literario y pionerismo en la vida de Horacio Quiroga” en Todos sus cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp.1255- 1273.

 Rocca, Pablo, 2003: “Horacio Quiroga ante la pantalla”, Anales de Literatura Hispanoamericana, (Universidad de la República, Montevideo-Uruguay), pp.27-36. Disponible en Internet:[consultado en Julio de 2011] http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI0303110027A.PDF

 Sarlo, Beatriz, 1997: “Horacio Quiroga y la hipótesis técnico-científica” en Todos los cuentos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, pp.1274- 1292.

4 Responses to Literatura y cine: El espectro de Horacio Quiroga

  1. esta buenooo

  2. Es muy largo el cuento

    • Avatar ARANDA ARAIZA CAROLINA LAURA
      ARANDA ARAIZA CAROLINA LAURA says:

      Si te parece largo este cuento es porque no estás acostumbrada a leer; es una variante de la literatura de Quiroga , muy interesante dado que no solo toma elementos de la imagen y del cine para construir el significado, sino que rompe su propio estilo al ofrecernos un cuento con un mundo enmarcado. Muy buen análisis, gracias por la ayuda que representa para quienes andamos el camino de buscar la comprensión de lo literario.
      “Lucer”, ¡hazme el favor! sí que te hace falta lectura, matilda.

  3. Lucer el que lo leea