Compañer@s, dejo una especie de introducción a un trabajo largo y pedregoso que me he propuesto: pensar Nuestra América Mayúscula en su nuevo tiempo, con sus destellos y sus rincones aun sombríos. Esto es solo un bosquejo, pero que precisamente por su pubertad requiere la guía de la crítica que aquellos que lo lean puedan entablar.
Saludo cordiales / Fernando Sacamuelas
Gobiernos de izquierda, nueva continentalidad progresista y los debates pendientes. [1]
“Trincheras de ideas valen tanto como trincheras de piedras”¡Que tus palabras se cumplan! ¡Aunque sería mejor ambas trinchera a la vez!
(Julio A. Mella comentando aquella conocida consigna de José Martí)[2]
Nuestra América ha sido históricamente dominada, usurpada y violada por el invasor extranjero que vio en sus verdes tierras la solución perfecta para solventar las cíclicas bancarrotas que el modo de producción capitalista (y sus contradicciones) se auto-flagelaba cada cierta cantidad de años. No solo financiamos, con nuestra sangre y nuestros metales,[3] la acumulación originaria que permitió el florecimiento del capitalismo en los siglos XVI y XVII, sino que, mucho tiempo después, seguimos siendo la tierra fértil, la materia prima y la mano de obra barata que mantiene los oligopolios y plutocracias de gran parte del mundo occidental desarrollado.
A partir del desarrollo del imperialismo a principios del siglo XX, las tres grandes potencias europeas, más Rusia, Japón y el próspero imperio Estadounidense se repartían las ricas colonias de África, Asia, Centroamérica y el sur de nuestro continente. Pero no fue hasta mediados de esa centuria (particularmente entre 1930 y 1970), beneficiados con la bancarrota que dejaron las dos guerras interimperialistas en las economías de sus competidores de rapiñaje, que los mandatos de Washington determinaron sustancialmente el curso de Latinoamérica y el mundo. Norteamérica no solo fue el país que quedó mejor parado dentro de la barbarie que dejó la posguerra, sino que su intacta institucionalidad y su igualmente ilesa geografía (recordemos que fue el único país que estando directamente involucrado en la II guerra mundial no libró batallas en su territorio) le permitió sobrepasar poco a poco la nada beneficiosa “repartija” del mundo con las demás potencias imperialistas de la zona europea.[4] (más…)









